El cuartel celebra seis décadas de actividad. Marcelo Pérez, bombero desde 1989, relata la evolución de la institución y su experiencia en emergencias.
El Cuartel de Bomberos Voluntarios de Villa Carlos Paz cumple 60 años. Marcelo Pérez, de 51 años, ingresó formalmente en 1989 y su historia permite recorrer parte de ese período.
Pérez vivía en Villa del Río cuando presenció un incendio de grandes dimensiones. «Siempre me gustó ser servicial. Cuando era chico hubo un incendio donde yo vivía. Era muy grande. Yo veía a los bomberos y les llevaba agua», recuerda. Luego se incorporó al cuerpo de cadetes.
Estudiaba en San Antonio de Arredondo y viajaba a Villa Carlos Paz en la empresa Cotap. «Algunos me traían hasta la terminal, otros ya me conocían y me traían hasta el cuartel», cuenta.
Sobre la situación de la institución en sus primeros años, menciona que se sostenía con recursos limitados. «Se mantenía con bonos», señala. Entre los vehículos de entonces recuerda los Ford 600, una autobomba y una Ford F-100.
Con la creación del Plan Provincial de Manejo del Fuego llegaron nuevos recursos y vehículos. «Desde que tengo conocimiento, las capacitaciones siempre fueron buenas», sostiene. Se realizaron capacitaciones en Estados Unidos y Chile, en incendios forestales, primeros auxilios y rescate en altura. Pérez se formó como paramédico y actualmente trabaja en una empresa de ambulancias.
Respecto al impacto en su vida personal, afirma: «Si un domingo estábamos almorzando y sentía la sirena, dejaba todo y me venía». También expresa: «Prácticamente a mi hijo más grande no lo vi crecer». Con sus hijos más chicos busca otro equilibrio; ellos participan de los scouts. «Yo nunca responsabilicé a Bomberos por el tiempo perdido. Yo lo elegía así», afirma. Y agrega: «Di mi vida por el cuartel, lo sigo dando y lo volvería a hacer».
Sobre la evolución del trabajo, indica: «Antes no teníamos los vehículos de ahora. Cuando el Plan de Manejo del Fuego no estaba, uno iba y se instalaba hasta que el fuego no se apagaba. No volvíamos. Eran días enteros. Con el tiempo, la manera de trabajar fue cambiando». Y destaca: «La gente necesita descansar. Eso ahora se cuida».
Entre las emergencias que recuerda, menciona el caso de una niña en Playas de Oro. Al llegar, la pequeña no respiraba y comenzaron con maniobras de asistencia. Surgió la posibilidad de trasladarla en un móvil policial, pero consideraron necesario continuar con las maniobras durante el traslado. Finalmente llegó una unidad y se dirigieron al hospital. Dos días después, el padre de la niña se acercó para agradecerles. «Dios nos puso en ese lugar», relata. «Era una nena muy chiquita», recuerda.
También menciona un operativo en calle Teniente Morandini por una fuga de gas. Al ingresar descubrieron que había turistas. «Eran cinco o seis personas y lamentablemente se salvaron, creo que dos. Los demás murieron por asfixia», dice.
Sobre el impacto emocional, explica: «En la psicología de la emergencia todos nos quebramos, por más que seamos duros. Sobre todo si son niños. La preparación también incluye herramientas para reconocer cuándo una situación supera emocionalmente a un integrante. Se trabaja sobre la posibilidad de delegar el mando, apoyarse en un compañero y, después de determinados operativos, reunirse para hablar sobre lo ocurrido. Se habla de cómo se sienten, cómo estuvieron los días siguientes, para saber si se necesita apoyo psicológico».
A quienes se inician, les recomienda: «Estudien y trabajen». Y reflexiona: «Esto es muy lindo, pero cuando abriste y cerraste los ojos, los años pasan. Bomberos no tiene la culpa. Es lo que uno decide dar».
Los 60 años del cuartel incluyen cambios en vehículos, equipamiento, capacitaciones y formas de trabajo, así como la participación de personas que atravesaron distintas etapas de la institución.
