La cuarta edición del ciclo se realizó del 14 al 16 de septiembre en el Malba, con desfiles de Natalia Antolín, Camila Romano, Pía Carregal y Carla Fernández inspirados en la artista mexicana. La muestra «Viva Frida» permanecerá abierta hasta el 15 de marzo de 2027.
Un corset ortopédico, de los que Frida Kahlo llevó puestos buena parte de su vida, subió a la pasarela convertido en prenda de alta costura. Así comenzó la cuarta edición de la Semana de la Alta Costura by Elina Costantini, que este año tomó el universo de Frida como punto de partida para sus cuatro desfiles. El evento coincidió con los 25 años del Malba y la llegada de «Viva Frida», la muestra dedicada a la artista mexicana que se presenta por primera vez en Sudamérica.
Cuatro miradas
Los cuatro días centrales de SAC, del 14 al 16 de septiembre, tuvieron a Frida como hilo conductor de todos los desfiles. Cada diseñadora llevó el homenaje a su propio terreno, desde el color hasta el oficio artesanal, sin perder de vista los objetos personales que la propia «Viva Frida» pone en escena, como los corsés ortopédicos o los trajes tehuanos.
El 14 de septiembre, Natalia Antolín abrió la semana con 38 looks que llevaron los corsés hacia una lectura contemporánea, junto a flores tridimensionales y una paleta de rojos, borgoñas y verdes tomada de la vegetación mexicana. «Fue volver a cosas muy profundas que tuve la posibilidad de vivir, compartir y admirar», relata la diseñadora, que recuperó para la colección sus viajes de trabajo por Yucatán y Chiapas. Al día siguiente subió a la pasarela «Entre todo y nada», de Camila Romano, con siluetas definidas, encajes franceses y una banda sonora que mezcló a Charly García y Gustavo Cerati con bases electrónicas. «Para mí, Frida representa la autenticidad, la libertad de ser una misma y la capacidad de transformar incluso el dolor en una expresión de belleza», señaló la creadora.
«Morfogénesis», de Pía Carregal, propuso esa misma noche una lectura más artesanal del universo de Frida, con crudos, rojos, encajes y terciopelos trabajados a mano sobre maniquí. «Lo que más me inspira de Frida es su personalidad. A través de su pintura y de su manera de ser logró abrirse un camino y construir una identidad propia», explicó Carregal. La semana cerró el 16 de septiembre con Carla Fernández, la única mexicana del ciclo, y su «Retrospectiva», una síntesis de quince prendas de toda su trayectoria. «Para mí, Frida conoce el poder de la indumentaria. Sabe que a través de la ropa se puede ser muy política», afirmó Fernández, nacida a dos cuadras de la Casa Azul, la casa de Coyoacán donde Frida nació, vivió y murió y que hoy funciona como museo.
Para Carregal, la invitación llegó además en un momento personal preciso. Los últimos cinco años profundizó su vínculo con el arte a través del estudio, la pintura y distintos talleres, y hace apenas uno sumó un atelier propio en Belgrano. «Cuando Elina Costantini me llamó fue una lindísima sorpresa, y sentí que llegaba en un momento perfecto. En los últimos años el arte pasó a ocupar un lugar muy importante en mi vida y presentar en Malba una colección realizada artesanalmente en nuestro taller fue como unir mis dos pasiones», sintetiza la diseñadora.
La génesis
«La exhibición no fue elegida con la idea de cerrar los 25 años del Malba, fue una causalidad del destino», explica Elina Costantini, seguidora de Frida Kahlo desde hace 16 años y directora del proyecto general de «Viva Frida». La muestra llegó de la mano de Laura Zabala, subdirectora de la Casa Azul, el año en que el Banco de México prestó «Las apariencias engañan», la selección que Costantini terminó de titular «Viva Frida» y que este año se sumó al aniversario del Malba.
La elección de las cuatro diseñadoras tampoco fue al azar. «No fue casual que eligiera mujeres, porque este año todo el equipo de la exposición somos mujeres excepto el museógrafo», cuenta Costantini. El vínculo de Carla Fernández con Frida, además, data de antes. En 2018, la diseñadora se convirtió junto a su equipo en la primera mexicana invitada al ciclo Fashion in Motion del Victoria and Albert Museum de Londres, donde mostró piezas de cinco colecciones en coincidencia con la exposición «Frida Kahlo: Making Her Self Up».
El domingo 20 de septiembre, con entrada libre y gratuita, las cuatro diseñadoras volvieron a la explanada del Malba con una segunda tanda de looks, esta vez pensados exclusivamente para la ocasión, cinco por diseñadora. Con menos piezas para contar la misma historia, cada colección concentró sus símbolos más fuertes.
En el caso de Camila Romano, el dolor que atravesó la vida de Frida tomó forma en estructuras metálicas en tonos plomo y dorado y en accesorios realizados junto a Limido Joyas, ubicados cerca del corazón, el cuello y las manos, como una representación simbólica de esa fortaleza. Los otros tres desfiles retomaron, cada uno desde su propio lenguaje, los mismos símbolos que habían mostrado días antes: las flores, los bordados y los colores de la paleta mexicana, ahora condensados en apenas cinco siluetas. El cierre, además, fue de la mano de la banda Silvestre y la Naranja, con la que Costantini resalta que apelan a un público más joven y fresco. Y suma un dato diferencial más: «Nuestra propuesta es inclusiva, los tickets se venden para todo el mundo y todos pueden pertenecer. Rompemos los esquemas de las semanas de la alta costura en el mundo», se enorgullece.
Un día después, el festejo se trasladó al aniversario número 25 del museo. El lunes 21 de septiembre, fecha exacta de la fundación, la explanada del Malba tuvo un show de folclore mexicano acompañado por una propuesta gastronómica inspirada en Frida Kahlo, con un menú especial y dos de sus tragos preferidos. La jornada cerró con la proyección de «Frida, naturaleza viva», de Paul Leduc, la única película filmada dentro de la Casa Azul.
Y aunque los festejos terminaron el lunes, Frida se queda en el Malba hasta el 15 de marzo de 2027 con sus propios corsés, joyas y trajes tehuanos, ahora en diálogo con los que subieron a la pasarela. La conversación recién empieza.
