El papa León XIV llegó a Montevideo el viernes 6 de noviembre a las 16:19 a bordo del vuelo ‘Pastor Uno’ procedente de Roma. La gira se extenderá hasta el 17 de noviembre e incluirá visitas a Argentina y Perú.
El viernes 6 de noviembre, a las 16:19, el avión denominado ‘Pastor Uno’ que trasladaba al papa León XIV aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, en Montevideo, Uruguay. Con esa llegada comenzó una gira latinoamericana del Vaticano que continuará por la Argentina y el Perú hasta el próximo 17 de noviembre.
León XIV, sucesor de Francisco, conoce América Latina. Según se informó, tiene por delante la tarea de conducir una institución milenaria en un mundo que cambia a una velocidad indescifrable.
Cada llegada de un papa a estas latitudes ha estado atravesada por una coyuntura diferente. Juan Pablo II llegó en tiempos de guerra y de transición democrática; Francisco, el primer pontífice argentino, nunca regresó a su tierra pero estuvo presente todos los días; León XIV trae el desafío de recoger esa herencia y proyectarla hacia un tiempo nuevo. Debe afrontar las deudas de la Iglesia, adaptarla a nuevos entornos, recuperar confianza.
La primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, publicada en mayo de este año, remite a una preocupación central: la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Resignifica la doctrina social de la Iglesia, vitalizando la determinación de sus principios frente a problemas que las formulaciones históricas no podían anticipar. Define la doctrina como una realidad viva, en diálogo con la historia, las culturas y las ciencias. Sus principios -la dignidad humana, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social- no son piezas de museo ni un manual de gestión prefabricado.
La inteligencia artificial vuelve especialmente urgente esa tarea. ¿Quién controla los datos, las plataformas y las infraestructuras tecnológicas? ¿Quién decide cómo se utilizan? ¿Quién participa de sus beneficios y quién queda expuesto a sus consecuencias? Cuando unos pocos actores concentran el conocimiento, el capital informático y la capacidad de establecer reglas, el bien común deja de ser una abstracción. La justicia social reclama contenido.
León recupera un concepto: la dignidad, que no depende de la productividad ni de la capacidad de valerse por uno mismo. En esa perspectiva, el bien común es la ‘forma social de dignidad que se reconoce a cada uno’. Ni más ni menos.
El primer discurso de León XIV en Montevideo ofreció claves. Evocando a José Artigas y al Éxodo Oriental, recuperó a la autoridad como responsabilidad ante la comunidad y del bien común como obligación de transmitir a las generaciones futuras los bienes recibidos. Se refirió a la educación, el trabajo, la familia, la atención de las personas vulnerables, la salud, la soledad y la prevención del suicidio. También vinculó el desarrollo de la inteligencia artificial con la dignidad de quienes trabajan.
Hay una continuidad evidente con Francisco. La doctrina social debe poder hablarle a un mundo en el que las viejas desigualdades conviven con otras nuevas. El recorrido por Uruguay, la Argentina y el Perú puede leerse desde esa preocupación. Uruguay ofrece el escenario de una sociedad plural y secularizada, donde la Iglesia debe encontrar su lugar en el espacio público sin reclamar privilegios. La Argentina plantea el desafío de recuperar una agenda: la exclusión, el trabajo, la educación, las juventudes y la necesidad de reconstruir vínculos.
El Perú, por su parte, tiene para Prevost una dimensión biográfica singular. Allí desarrolló buena parte de su trayectoria pastoral. La visita incluirá Chiclayo, Cusco y Pucallpa, con encuentros con comunidades locales, representantes de los pueblos amazónicos y el mundo universitario.
Aunque los escenarios son diferentes, subyace la preocupación por la convivencia, la responsabilidad social y el encuentro con las periferias.
Mientras lo esperamos en Córdoba, recordamos que Juan Pablo II llegó al país en junio de 1982, a pocos días del final de la guerra de Malvinas: ofreció su aliento en plena conmoción. Su segunda visita, en abril de 1987 (en una gira que incluyó a nuestra ciudad), encontró al país en plena transición democrática, sumiendo los desafíos de la reconciliación y la consolidación institucional.
León XIV llega en otra coyuntura. Además del legado de Francisco aporta el suyo propio. En ese recorrido, Córdoba no es una escala más. La visita pone en valor la presencia de una Iglesia local que acompaña a los excluidos, no solamente alzando la voz, sino poniendo el cuerpo y la inteligencia al servicio de quienes más lo necesitan. Y plantea una exigencia que excede a la comunidad religiosa: toda la dirigencia -política, social, gremial, empresarial y también de otros cultos- debe estar a la altura de los desafíos que tenemos por delante.
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