Ladis y Benítez, un tándem perfecto

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Avisó de que no se jubilaría nunca de la fotografía, que le acompañará hasta el último aliento, y lo está cumpliendo. A pesar del ictus que lo azotó sin piedad este verano y lo tiene en casa al abrigo de la familia, mientras recupera las fuerzas con lentitud, Ladislao Rodríguez Galán, Ladis para la historia del reporterismo gráfico cordobés, abandonó el otro día su retiro y, a lomos de una silla de ruedas cual Quijote cascado y digno sobre su montura, se enfrentó con hidalguía a un acto multitudinario en el que Córdoba le expresó lo mucho que aprecia a quien es memoria viva de la ciudad. A él y al otro protagonista de una tarde memorable, nada menos que Manuel Benítez El Cordobés, quien además de V Califa del toreo ha sido y es figura irrepetible dentro y fuera de las plazas y un icono universal que sabe como nadie ganarse a la gente con sencillez y generosidad.

El encuentro de los dos maestros y amigos («Somos como hermanos, le debo mucho», dijo de Ladis con afecto ante el micrófono la leyenda de los ruedos) respondía a una ocasión única, de ahí que la Sala Arpillera del Palacio de la Merced se llenara hasta la bandera a pesar de que afuera hacía un frío que pelaba y llovía a mares. Y es que no será fácil volver a ver al decano de los fotoperiodistas abrazado en público a un Benítez risueño y bromista como siempre, pero obligado también a dosificar sus salidas y bajar el ritmo vital que antes derrochaba -salvo para hacer deporte-, tras haber salido de otro susto gordo de salud y cercano a cumplir en mayo 90 años que no se le notan, pero los tiene. Precisamente la celebración anticipada del cumpleaños es el motivo de la exposición fotográfica que se inauguraba en torno al ex matador, con la que se conmemoran además ocho décadas de la firma Ladis. Fue adoptada en 1946 por Ladislao Rodríguez Benítez, iniciador de una saga que ha dado muchos momentos de gloria a la fotografía cordobesa. Tenía 13 años cuando el padre, un perito mercantil que cambió los números por corresponsalías gráficas de las mejores agencias y periódicos nacionales, le regaló una Kodak Retinette y un consejo: debía retratar cuanto se le cruzara, pero tamizándolo por el filtro de la sensibilidad periodística, que es captar la esencia de la noticia o el gesto espontáneo en un momento mágico que perpetúa el instante.

Y así ha seguido Ladis, 66 años después de su primera foto «y todavía en activo», explica por si alguien lo dudara. Ni un solo día ha pasado desde entonces sin recordar la recomendación del padre, al que venera, y entregado a un oficio ejercido con la actualidad diluida en la sangre y el sentido estético en la piel. Una combinación infalible que se ha traducido en prestigio y distinciones como, por citar algunas, su ingreso en 2023 en la Real Academia de Córdoba o el Premio Neptuno que el próximo domingo le entregará en Priego la Peña Taurina «por su defensa y difusión de la Fiesta». Porque no hay un detalle ni una faceta ciudadana que hayan escapado a la cámara del veterano reportero, traducidos ya en arte y gracia -su vena humorística es bien conocida- para los archivos. Pero, taurino como es hasta la médula por predestinación, como él asegura al recordar que nació el 29 de agosto de 1947 mientras un toro mataba a Manolete en Linares, a Ladis le ha gustado especialmente fotografiar el toreo y sus alrededores, en lo que tiene más que demostrada su pericia. Otro ejemplo de ello es la muestra de la Diputación, 65 magníficas imágenes de Benítez desde sus comienzos que configuran una cronología vital más atenta a la persona que al torero. La oportunidad perfecta para juntar de nuevo a dos cordobeses inigualables en lo suyo y de corazón tan grande que no les cabe dentro.

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