La escritora y abogada Natalia Monasterolo relata el proceso de edición de su novela Los Dingos junto a Vaca Muerta Ediciones, en un texto donde describe la edición como una práctica de lectura e interpretación.
La escritora Natalia Monasterolo, nacida en Río Tercero en 1978, publicó un texto en el que describe el proceso de edición de su novela Los Dingos junto a Vaca Muerta Ediciones. En el escrito, Monasterolo sostiene que la edición es una práctica de lectura e interpretación en la que cada decisión formal y material participa de la construcción del libro.
Monasterolo afirma que no cree que exista “lo propio” en la escritura y que, desde que se está en el lenguaje, nada es demasiado propio ni suficientemente ajeno. La hechura de un libro, señala, coloca ese asunto en escena.
En el texto, la autora diferencia entre quien escribe y quien edita: “Ahí está quien prestó su cuerpo para escribir -vamos a decir la escritora-, quien puso sus manos para armar, su tiempo para leer (que es como volver a escribir), su arte para corporizar -vamos a decir la editora o editor-”.
Respecto de la tarea de editar, la define como “una tarea sensible y delicada” que exige “una detalle amoroso y honesto”. Añade que entre escritura y edición hay un proceso de entrega mutua y que, si esto funciona, el libro adquiere su forma.
Sobre los creadores de Vaca Muerta Ediciones, Demi y Manu, Monasterolo indica que al conversar sobre Los Dingos había “mucho entusiasmo” y “una lectura atenta”. Sostiene que habían “pescado el corazón de la historia” y que, si habían pescado ese núcleo, la historia no iba a morir. Califica el trabajo como “muy serio”.
La autora menciona que un editor o editora puede ser ágil para leer, rápido para adoptar el ritmo de una época y hábil para descifrar el signo, pero malos intérpretes. Señala que eso no le pasó con Vaca Muerta. Según su relato, los editores contaron la historia al seleccionar el tipo de papel, elegir la tipografía, diseñar el interior, distribuir las partes, apropiarse de algunos términos para generar un sistema de chistes (“los torcidos”), probar el color de la tapa, la ilustración, el texto de contratapa y la materialidad del prólogo. También estuvieron para mirar una serie de fotos sobre el hospital en el que se basa la historia, tomadas por una fotógrafa amiga, y elegir cuál dialogaba mejor con el texto.
Monasterolo concluye que en el caso de Vaca Muerta hubo “editorial intérprete” y que el proceso lo vivió como “una gran experiencia”. Afirma que el libro nunca tiene forma definitiva: “El libro ‘es’ cuando se escribe, cuando se edita y, por último, cuando es leído. La lectura hace de cada libro un libro recién nacido”.
Para que esto ocurra, agrega, es preciso estar disponible, sobre todo a renunciar. Aclara que no se refiere a una renuncia del tipo “estoy dispuesta a ceder todo para que esto se publique”, sino a una renuncia como posición primigenia desde el instante en que se asume la tarea de escribir aceptando que todo puede ser desechado.
Natalia Monasterolo es abogada, doctora en Derecho y Ciencias Sociales, magíster en Bioética y docente de la Universidad Nacional de Córdoba. Su trabajo académico y de investigación aborda las relaciones entre derecho, salud mental y feminismos. Entre sus libros se encuentran La mujercita vestida de gris. Relato de una subjetividad mal-tratada (Eduvim, 2016), Feminismo inimputable. Deriva de un estilo roto (Eduvim, 2022), la novela Eso que dicen las cosas (2022) y La fórmula de la mariposa o ensayo frustrado sobre la menstruación (Borde Perdido, 2023).
