El poeta, escritor y periodista chaqueño, radicado en Córdoba, donó el arma que su abuelo usó en el genocidio de 1924. La Justicia Federal del Chaco declaró el hecho como crimen de lesa humanidad en 2022.
Pedro Solans, poeta, escritor y periodista, fundador de El Diario de Carlos Paz, chaqueño de nacimiento y cordobés por adopción, entregó al Museo del Hombre Chaqueño Ertivio Acosta la carabina Máuser 1909 que perteneció a su abuelo, Carlos Eleodoro Ferro, terrateniente de Quitilipi, Chaco.
Según relató Solans, su abuelo le entregó el arma cuando él tenía 14 años. El arma fue utilizada, de acuerdo con su testimonio, en la Masacre de Napalpí, ocurrida el 19 de julio de 1924, cuando la Policía del Territorio Nacional del Chaco y civiles armados dispararon contra hombres, mujeres y niños de las etnias qom y moqoit que reclamaban un trato digno en la cosecha del algodón. El número de víctimas no está determinado; algunas fuentes mencionan hasta 500 personas.
En 2022, la Justicia Federal del Chaco declaró que Napalpí fue un crimen de lesa humanidad «en el marco del genocidio contra los pueblos originarios». La sentencia ordenó medidas resarcitorias, como incluir el tema en la currícula escolar y construir un Museo de Napalpí. Hasta el momento, las autoridades nacionales no pidieron perdón a los descendientes de las víctimas, y el museo no ha sido construido.
Solans dialogó con CBA24n y recordó el momento en que recibió el arma: «Todavía recuerdo el peso de la carabina en mis manos. Tenía 14 años cuando mi abuelo me la entregó como quien confía algo sagrado. Entre todos sus nietos, me había elegido a mí. Era una Mauser 1909 y, para él, mucho más que un arma: era su orgullo, la prueba de que alguna vez había estado dispuesto a defender a su pueblo».
El periodista también se refirió a su encuentro en 2007 con Melitona Enrique, sobreviviente de la masacre, quien tenía 107 años. «Crecí con una sola versión de los hechos: la de mi familia. La otra la encontré cuando Melitona aceptó hablar conmigo. Ganarme su confianza llevó tiempo. Cuando finalmente habló, lo hizo despacio, con la memoria intacta de una niña que había visto lo que ningún niño debería ver», declaró Solans.
Producto de esa conversación, Solans publicó en 2007 el libro Crímenes en sangre. Sobre su decisión de donar el arma, afirmó: «Sentí que mi familia también debía dar ese paso, y que me tocaba a mí darlo. Entregué el arma al Museo del Hombre Chaqueño Ertivio Acosta, donde permanecerá hasta que exista el Museo de Napalpí. Desprenderme de ella no fue sencillo. Era lo último que mi abuelo me había dado con sus propias manos».
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