Enero es, para muchos, un mes emocionalmente difícil. Es lo que se conoce como la «cuesta de enero». Tras la intensidad de las fiestas, las reuniones familiares y los gastos de Navidad —casi 800 euros por persona—, llega la vuelta a la rutina, con menos luz, más frío y la presión de cumplir los nuevos propósitos del 2026. Todo ello puede afectar al ánimo, generar cansancio y cierta sensación de desánimo.
Adriana Henríquez Lomba, especialista en psicología del Hospital Universitario Vithas Las Palmas, explica cómo el clima, los hábitos y la alimentación influyen en nuestra salud mental y qué señales conviene no ignorar.
¿Por qué enero es un mes emocionalmente difícil?
Enero suele hacerse cuesta arriba porque venimos de un periodo muy intenso emocionalmente: Navidad, reuniones familiares, gastos, expectativas… y de repente llega la vuelta a la rutina. Aparece el cansancio acumulado, la sensación de “otra vez empezar” y, en muchos casos, cierta presión por cumplir propósitos nuevos. Todo eso, junto con menos horas de luz y más frío, puede afectar bastante al estado de ánimo.
¿Qué relación hay entre el clima, los días cortos y el estado de ánimo?
Tiene mucha más relación de la que pensamos. La falta de luz del sol influye en la producción de serotonina y melatonina, que están directamente relacionadas con el ánimo y el sueño. Cuando anochece antes y pasamos más tiempo en interiores, es normal sentirse con menos energía, más apáticos o incluso más tristes.
¿Qué señales pueden indicar depresión o tristeza persistente?
Hay que estar atentos cuando la tristeza no se va con los días. Algunas señales son: pérdida de interés por cosas que antes gustaban, cansancio constante, cambios importantes en el sueño o el apetito, dificultad para concentrarse, irritabilidad o sensación de vacío. Si además aparecen pensamientos negativos recurrentes o sensación de desesperanza, es importante que no lo normalicemos y pidamos ayuda.
La depresión es junto a la ansiedad uno de los problemas de salud mental más frecuentes en España / Freepik
¿Qué hábitos ayudan a mejorar el bienestar emocional en enero?
Cosas sencillas, pero constantes. Mantener horarios, intentar salir a exponerse a la luz natural, aunque sea un rato al día, no aislarse, hablar con alguien de confianza, bajar un poco la autoexigencia y plantearse objetivos realistas porque muchas veces nos ponemos objetivos que no podemos cumplir y eso genera mucha frustración.
También ayuda mucho introducir pequeñas rutinas agradables: caminar, leer, escuchar música, cuidarse un poco más, según los gustos de cada uno…
¿Qué papel tienen el ejercicio y la alimentación en la salud mental?
Un papel clave. El ejercicio, aunque sea suave, ayuda a regular el ánimo y a descargar tensión. No hace falta machacarse, con moverse un poco cada día es suficiente. Y la alimentación también influye: comer de forma regular, variada y sin extremos ayuda a mantener niveles de energía más estables. Cuando el cuerpo está más equilibrado, la mente también lo está. El cuerpo y la mente van de la mano. Si queremos cuidar nuestra mente también hay que cuidar y darle importancia a nuestro cuerpo.
¿Cuándo es recomendable acudir a un profesional de la salud mental?
Cuando el malestar se mantiene en el tiempo, interfiere en el día a día o una persona siente que no puede sola. No hace falta estar “muy mal” para acudir a consulta. A veces pedir ayuda a tiempo evita que el problema se haga más grande. Ir a un profesional no es señal de debilidad, sino de autocuidado.
