Un equipo de la Universidad de Warwick identificó un cuerpo planetario que orbita la enana blanca HS 0209+0832 y cuyo origen se remonta al material expulsado por su estrella progenitora.
Un equipo de científicos de la Universidad de Warwick detectó un hallazgo astronómico de carácter excepcional. Los investigadores identificaron un planeta que orbita la enana blanca HS 0209+0832. Este cuerpo planetario posee una particularidad: su origen radica en los restos de la estrella que le dio vida. A diferencia de los planetas convencionales del Sistema Solar, que se formaron junto a sus astros en una etapa primaria, este nuevo mundo nació del material que la estrella arrojó al espacio durante su fase agónica.
Jamie Williams, estudiante de doctorado y autor principal del estudio publicado en Nature Astronomy, definió este fenómeno como un hecho inesperado. “Son mundos que se forman a partir del material que una estrella expulsa al morir. Encontrar uno alrededor de una enana blanca fue totalmente inesperado. Es un poco como encontrar un planeta que resurgió de las cenizas de la misma estrella que una vez orbitó”, explicó. El hallazgo resuelve un misterio astronómico que permanecía sin explicación desde 1999, cuando el Telescopio Espacial Hubble captó por primera vez firmas químicas inusuales en este sistema.
El análisis espectroscópico reveló niveles elevados de niobio, níquel y cobre en la atmósfera de la enana blanca. Estos elementos pesados actúan como indicadores de la muerte estelar. Según la NASA, la enana blanca bombardea este planeta con radiación intensa, una energía que causa la evaporación de la atmósfera planetaria, la cual regresa hacia el núcleo estelar y contamina su superficie con el material detectado por el Hubble. El astrofísico teórico Nicholas Stone, de la Universidad de Wisconsin-Madison, detalló que estos elementos pesados se sintetizan solo en condiciones extremas dentro de estrellas moribundas.
El satélite TESS de la NASA permitió confirmar la presencia de este cuerpo planetario. Los datos fotométricos mostraron una señal sinusoidal con un período de 4,4 días, lo que sugiere la existencia de un gigante gaseoso situado a una distancia de seis millones de kilómetros de su estrella. Este planeta gigante, del tamaño aproximado de Júpiter, mantiene una órbita próxima que provoca su desintegración gradual debido al calor residual del remanente estelar.
El profesor Boris Gänsicke, de la Universidad de Warwick, destacó la relevancia de este descubrimiento para la ciencia moderna. “Lo más destacable del planeta que orbita HS 0209+0832 es que no se trata de un planeta de otro lugar, ni de un superviviente del nacimiento del sistema, sino que parece haber sido construido a partir del mismo material que su propia estrella expulsó al morir”, afirmó Gänsicke. El sistema ofrece, según el investigador, una visión renovada sobre la evolución estelar y planetaria.
La investigación descarta el origen a partir de un cuerpo helado o un disco protoplanetario común. Los datos sugieren la presencia necesaria de una compañera binaria para atrapar el material expulsado y permitir la condensación de este nuevo mundo. El equipo científico continuará las observaciones para determinar la frecuencia de estos sistemas. Este descubrimiento abre una ventana hacia el estudio de planetas que aparecen tras la secuencia principal de una estrella. El estudio demuestra que la muerte de un sol representa, en ciertos casos, el inicio de un capítulo nuevo en la historia de los sistemas planetarios.
