El estudio documentoscópico y caligráfico de la firma Tintaverum concluyó que los versos de «Canta el reloj» fueron escritos por Federico García Lorca. El hallazgo había sido calificado como falso por académicos en abril.
El 16 de abril pasado, el cantaor Miguel Poveda y la filóloga y escritora española especializada en Federico García Lorca, Pepa Merlo, dieron a conocer el hallazgo de un poema inédito en el dorso del manuscrito de la Gacela de la raíz amarga, adquirido en Alemania. El texto, escrito a lápiz, fue atribuido a Federico García Lorca.
El 23 de abril, en la Residencia de Estudiantes de Madrid, los académicos Andrew A. Anderson, Melissa Dinverno y Christopher Maurer afirmaron ante las cámaras que el hallazgo era «absolutamente falso». Sostuvieron que la letra «no tenía nada que ver» con la del poeta de Fuente Vaqueros y calificaron el texto como una anotación apócrifa. La Fundación Federico García Lorca, presidida por Laura García-Lorca de los Ríos, también se pronunció en contra de la autenticidad.
Frente a estas declaraciones, Poveda y Merlo optaron por no responder públicamente y esperar los resultados de un estudio científico.
El informe pericial documentoscópico y caligráfico de la firma Tintaverum, elaborado en Granada y firmado el 7 de septiembre de 2026 por las peritas Begoña González Sánchez y Rocío Martín Robles, concluyó:
- Autenticidad del soporte: no existen alteraciones, manipulaciones ni anacronismos en el papel o en sus elementos constitutivos. El documento es original y auténtico.
- Autoría indudable: el cotejo caligráfico y el análisis de los rasgos gestuales y estructurales confirman que los textos de «Canta el reloj» fueron escritos de puño y letra por Federico García Lorca.
«He estado callada porque el manuscrito estaba en proceso de estudio por peritos. Han tardado cinco meses y ya han concluido. Remito la conclusión para quien tuviera dudas», manifestó Pepa Merlo tras presentar las pruebas.
El poema completo es el siguiente:
Canta el reloj.
Cuenta mezquinamente las horas.
Es lo mismo las siete que las doce.
Yo no estoy aquí.
Y es la señal de carne que yo dejé, al irme,
para saber mi sitio al regresar…
