Un análisis sobre los precios de las entradas, la reventa oficial y la exclusión del público trabajador en la Copa del Mundo organizada en Estados Unidos, México y Canadá.
El Mundial 2026, organizado en Estados Unidos, México y Canadá, generó debate por los precios de las entradas y las condiciones de acceso para los aficionados. Según datos disponibles, el 78% de los 104 partidos se jugaron en Estados Unidos, con 11 de las 16 sedes en ese país, mientras que México albergó 13 partidos en tres ciudades y Canadá el resto.
Los organizadores implementaron un sistema de «precios dinámicos», que ajusta el valor de las entradas según la oferta y la demanda. Para la fase de grupos, el costo promedio de una entrada fue de 1.500 dólares. En Argentina, el salario mínimo para un trabajador registrado es de aproximadamente 250 dólares, lo que implica que una entrada equivalía a seis meses de salario. Para la final, los precios mínimos alcanzaron los 8.000 dólares, equivalentes a 32 salarios mínimos argentinos.
La FIFA, como ente organizador, cobró una comisión del 15% tanto al vendedor como al comprador en las transacciones de reventa oficial. Esto, según se informó, incentivó el aumento de precios en el mercado secundario. Las entradas oficiales para la final, que comenzaban en 2.000 dólares, se agotaron rápidamente, lo que derivó en un mercado de reventa con valores más elevados.
En el ámbito deportivo, la selección argentina llegó a la final del torneo. Durante el partido contra Inglaterra, los jugadores exhibieron símbolos alusivos a las Islas Malvinas, pese a la prohibición de la FIFA de portar banderas o símbolos políticos en el estadio.
El modelo de precios y acceso al estadio se asemeja al implementado en Inglaterra tras la Tragedia de Hillsborough en 1989, que resultó en 97 fallecidos. Ese evento llevó a la creación de la Premier League y a la exigencia de estadios con asientos, lo que incrementó los costos de las entradas y redujo la asistencia de sectores populares.
