En una nueva entrega de la sección On The Corner, analizamos la dimensión mística, política y estética de una de las obras fundamentales del jazz moderno, entendida como una apuesta radical por la integración humana y la trascendencia.
En una nueva entrega de la sección On The Corner, John Coltrane y su monumental «A Love Supreme» aparecen como punto de partida para una reflexión sobre el amor, la experiencia espiritual y la posibilidad de encuentro con el otro en medio de la violencia contemporánea. El artículo recorre la dimensión mística, política y estética de una de las obras fundamentales del jazz moderno, entendida no solo como revolución musical sino también como una apuesta radical por la integración humana, la comunidad y la trascendencia.
El texto se apoya en la cita de De Certeau: «los predicados se borran o se reemplazan por ‘nada’ o por ‘todo’: no quiero nada, quiero todo, no quiero sino a Dios. Por el hecho de la desaparición de los predicados particulares, la proposición se inclina del lado de la relación entre el sujeto y el verbo, bajo la modalidad el querer».
Un mundo obsesionado con el supuesto clasicismo obliga a ir al «grado cero». Para llegar allí es imprescindible volver a Coltrane y su Amor Supremo, que es el de todos, además de una de las pocas salidas que nos queda en este mundo, que parece renegar más que nunca del amor por considerarlo debilidad imposible.
Entre el conocimiento, resolución y persuasión, los solos de batería y bajo de Elvin y Jimmy Garrison, y los circunloquios de McCoy, vamos entendiendo que la era contemporánea se empecina en otra vuelta para arribar a un territorio feliz, aquel que nos remarca una cosa: sin amor es imposible resolver la vida, absurdo intentar seguir, y en su expresión suprema no deja de presentarse sino como la única salida y salvoconducto que precisamos.
En su salmo, ásperamente desintegrador de nociones que no hayan nacido de la conciencia más plena, una declaración de fe ciega en un humanismo que ya se hace obligatorio, acaso como expediente para abordar una existencia que arde entre los fuegos de la violencia y discriminación más absoluta. Apuesta que se había hecho prematura, a propósito de los incidentes que dieron forma a la performance televisiva de «Alabama», que, entre todas, tuvo la virtud de adelantar el fenómeno inconmensurable de «Love Supreme», vemos el despliegue de un artista que ya es capaz de derrumbar cualquier barrera interpuesta entre la voluntad de los seres humanos por integrarse: por ser, con otros.
El Amor Supremo se constituye entonces en ejercicio de comunicación que trasciende el código establecido por el recorrido del jazz como género musical, para configurar, en cada uno de sus compases sincopados, otra variante del discurso místico que acompaña a occidente desde los inicios de su modernidad.
Mientras el siglo XX avanza sobre sendas que lo llevan de una catástrofe a la otra, hasta transformarlo en la era más sangrienta de la historia, el amor supremo de la performance suprema de Coltrane late en su interior, recordándonos que la infinitamente penosa lucha del hombre negro no acabará sino con la integración definitiva, pero también que el destino de todos es sumarnos a un tipo de proyecto común capaz de impulsarnos al futuro.
