Un análisis de la célebre mélodie de Gabriel Fauré, que explora el vínculo entre el sueño, el amor y la vigilia en la música impresionista francesa.
Después de un sueño, una de las obras más reconocidas del compositor francés Gabriel Fauré, es una canción de amor al sueño y protesta a la vigilia. La pieza, compuesta en 1877, forma parte del opus 7 del autor junto con Hymne y Barcarolle. La letra fue adaptada por el poeta Romain Bussine a partir de unos versos toscanos anónimos.
El primer acorde es menor, originalmente en Do, aunque existen arreglos que desplazan la tonalidad. El compás de tres cuartos sostiene acordes menores que se dejan caer como suspiros, mientras la mano derecha busca un espíritu aterciopelado para la respiración densa que propone la armonía. La melodía evoca la pérdida de una imagen y la orfandad de quien despierta, como un intruso expulsado del cine por un acomodador impaciente.
El yo poético siente la llamada del amor como una ascensión, donde la voz del ser amado ocupa el lugar de la naturaleza, Dios, el tiempo y el espacio. El sueño se presenta como una vía de escape y redención, una utopía que sujeta la debilidad de quien duerme. La angustia del soñador, según Fauré, pierde más la identidad que un objeto de amor. La necesidad de contar los sueños, de ponerlos en palabras, es central: como escribió Pizarnik, ‘No tengo a quien contarle mis sueños. De esto se deduce: no tengo existencia propia’.
Gabriel Fauré fue un impresionista temprano, maestro de compositores como Ravel y las hermanas Boulanger. Su obra invita a reflexionar sobre la fragilidad del tránsito entre el sueño y la vigilia, y sobre cómo la música puede capturar esa alteración del reino de la noche o del día.
