Un extenso experimento científico desarrollado durante veinte años en Japón ha identificado una barrera fundamental en la clonación de mamíferos. El estudio, que consistió en generar clones de ratones de forma seriada durante 58 generaciones, concluyó que el proceso conduce a una acumulación progresiva de mutaciones genéticas dañinas que, finalmente, vuelven inviable el linaje clonal.
El colapso de la línea clonal
Los investigadores, liderados por el especialista en biología reproductiva Atsuo Ogura del RIKEN BioResource Research Center, realizaron más de 30.000 intentos de clonación. Inicialmente, los animales clonados parecían saludables, se alimentaban y se reproducían con normalidad. Sin embargo, a partir de la generación 27, la tasa de nacimientos exitosos comenzó a descender de manera sostenida. En la generación 58, ningún embrión logró desarrollarse, marcando el colapso total de la línea.
El ADN bajo la lupa
El análisis genómico reveló la causa subyacente: con cada ciclo de clonación, el genoma acumulaba alrededor de 70 mutaciones nuevas y al menos una mutación estructural de gran tamaño. En las etapas finales, se observaron pérdidas completas de cromosomas, deleciones masivas de material genético y reordenamientos cromosómicos complejos. Este fenómeno valida en mamíferos el «trinquete de Müller», un principio de la genética evolutiva que predice la acumulación irreversible de mutaciones perjudiciales en ausencia de recombinación sexual.
Implicancias para la ciencia y la producción
«Este estudio es la primera demostración experimental de que, si la reproducción asexual continúa en mamíferos, las mutaciones se acumulan y finalmente llevan al cese del linaje», explicó Ogura. Michael Lynch, biólogo evolutivo de la Universidad Estatal de Arizona, señaló que los hallazgos probablemente se apliquen a cualquier clonación de vertebrados, lo que tiene enormes implicancias para programas agrícolas que busquen preservar indefinidamente un genoma considerado óptimo.
La reproducción sexual como «reparación»
Un dato crucial del estudio fue que la capacidad reproductiva de los clones también se degradaba. Los embriones de hembras clonadas de generaciones tardías degeneraban masivamente. Sin embargo, cuando sus óvulos eran fecundados con esperma de ratones no clonados –reintroduciendo la recombinación sexual–, algunos embriones lograban normalizar su desarrollo. Esto subraya el papel esencial de la reproducción sexual como un mecanismo de reparación genética.
Reflexiones para el ecosistema biotecnológico argentino
Los resultados resuenan en Argentina, un país que se ha posicionado como un centro global de clonación animal aplicada a la producción. Durante dos décadas, la técnica se ha utilizado para replicar toros de elite, vacas superproductoras y caballos de polo, integrándose en el ecosistema biotecnológico nacional. La investigación no cuestiona la clonación puntual de un animal de alto valor, que sigue siendo viable, sino que pone en duda la sostenibilidad de la clonación seriada como método para preservar una combinación genética de forma indefinida, una práctica contemplada por algunos criadores.
El trabajo, publicado en Nature Communications, abre nuevas preguntas sobre los límites de la manipulación genética y refuerza la comprensión de por qué la reproducción sexual es una estrategia evolutiva tan predominante en el reino animal.
