Una imagen publicada en redes sociales desencadenó un operativo de rescate en el estado de Texas, Estados Unidos. La fotografía mostraba a una pequeña perra de raza chihuahua, de pelaje marrón y blanco, sentada sobre una cama de color rosa dentro de un cementerio. El escenario, tan desolador como inusual, alertó a la comunidad local.
El hallazgo en un lugar inesperado
El hecho ocurrió en el cementerio de la Iglesia de Santa Rosa, ubicado a unos 65 kilómetros al norte de la ciudad de Austin. Según pudo reconstruirse, el animal había permanecido en el lugar, junto a algunos de sus juguetes, durante al menos uno o dos días. Un visitante del camposanto fue quien la divisó, tomó una instantánea y la compartió en internet, preguntándose si se trataba de un caso de abandono.
La intervención de las rescatistas
Al ver la publicación, Chloe Palousek y su hermana, voluntarias con experiencia en el manejo de canes en la comunidad de Andice, decidieron actuar de inmediato. Al llegar al lugar, encontraron a la perrita escondida bajo un pabellón, mostrando claros signos de temor. «Estaba asustada, por eso reaccionaba ladrando y gruñendo», relató Palousek a medios locales.
Con paciencia y utilizando comida como cebo, lograron atraerla y asegurarla. La rescatista notó que, pese a estar algo delgada, el animal parecía estar en condiciones generales aceptables. Tras unos minutos de contacto, la chihuahua, a la que nombraron provisionalmente «Baby Girl», comenzó a mostrar confianza y buscó el regazo de su salvadora.
La triste revelación del microchip
El paso siguiente fue una visita al veterinario. Allí, un descubrimiento cambió el rumbo de la historia: la perra tenía implantado un microchip de identificación. Al consultar la base de datos, se contactó al tutor registrado. Este confirmó, con pesar, que había sido él quien la dejó en el cementerio. Alegó problemas de salud que le impedían continuar con su cuidado.
Un final feliz con nueva familia
Ante la imposibilidad de regresar al animal a su antiguo dueño, las voluntarias activaron su red de contactos para buscarle un nuevo destino. El proceso fue rápido. La chihuahua, cuyo nombre original era Viola, fue acogida en un hogar de tránsito y posteriormente adoptada de manera definitiva.
Según informó Palousek, la ahora llamada Baby Girl se ha adaptado plenamente a su nueva vida. Ha aumentado de peso, gana confianza día a día y comparte su hogar con otros perros, con los que interactúa y juega. Su historia, que comenzó con un acto de desamparo en un lugar lúgubre, culmina en un entorno familiar seguro y lleno de atención.
