La mañana del viernes en el Centro de Formación de Capital Humano transcurría con la expectativa por el discurso del presidente Javier Milei, cuando una llamada telefónica alteró la calma. Horacio Marín, CEO de YPF, recibió una comunicación de los abogados de la empresa que lo llevó a una visible conmoción. Testigos relataron que, tras cortar, intentó disimular su estado, pero su prisa por llegar hasta el Presidente no pasó desapercibida.
Un desenlace inesperado
La noticia que provocó la reacción era el dictamen de la Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que revocó la sentencia de primera instancia que obligaba al país a pagar 16.100 millones de dólares, más intereses, por la expropiación de YPF. Dentro del Gobierno se manejaban estimaciones muy bajas, de alrededor del 15%, sobre las posibilidades de un revés judicial completo. Por ello, la confirmación desató una catarata de emociones entre los funcionarios, desde gritos de alegría hasta lágrimas de alivio.
Coordinación y cautela inmediata
La información se propagó rápidamente a través de grupos de WhatsApp ministeriales. Inmediatamente, desde la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia se advirtió sobre la prudencia necesaria en las declaraciones públicas, recordando que cualquier pronunciamiento podría incorporarse al expediente judicial aún en curso. La consigna inicial fue asegurar la veracidad del fallo antes de cualquier comunicación externa.
La pulseada por el relato político
El fallo judicial no tardó en convertirse en un campo de batalla narrativo. La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner destacó en sus redes sociales que la decisión de expropiar la compañía durante su gestión permitió los superávits «de miles de millones de dólares» en la balanza energética actual. Por su parte, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, cuestionó que el oficialismo celebre que «los fondos buitres no hayan tenido razón».
Desde el entorno presidencial se argumentó que la estrategia judicial, política y diplomática del actual gobierno fue clave para revertir una situación heredada, que calificaron como el resultado de una decisión «intervencionista» del kirchnerismo. Para la Casa Rosada, el fallo llegó en un momento de alta tensión, marcado por escándalos de corrupción en primera plana y variables económicas, como la inflación, que no se ajustan a los pronósticos oficiales más recientes.
Un respiro en un contexto complejo
Varios ministros describieron el fallo como un «desahogo» y un hecho que «devolvió el aire» a una administración sumida en una crisis que eclipsaba su agenda. Las últimas semanas habían estado dominadas por las investigaciones judiciales sobre el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, por el uso de vuelos oficiales. En medio de la euforia por el fallo, el Presidente volvió a expresar su apoyo público a Adorni, quien había solicitado respaldo explícito a sus colegas.
De hecho, a principios de semana, por instrucción de Karina Milei, los ministros ya habían planificado un apoyo conjunto a Adorni en una conferencia de prensa, un hecho con pocos precedentes. La pregunta que queda flotando en el ambiente político es cuánto durará el efecto positivo de este revés judicial en un escenario de múltiples frentes abiertos para el Gobierno nacional.
