Mientras en gran parte del mundo cristiano la Semana Santa marca una pausa en el calendario laboral, en Estados Unidos la actividad federal y en la mayoría de los estados continúa con normalidad. La explicación de esta particularidad se encuentra en la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, que prohíbe al Congreso establecer leyes que respalden oficialmente una religión.
Un asunto de estado y religión
El gobierno federal solo reconoce la Navidad como feriado de origen cristiano. Otras festividades religiosas, como la Pascua, no figuran en su calendario oficial. Esta postura busca mantener la neutralidad del Estado en materia de creencias, un principio fundacional que ha generado extensos debates jurídicos.
La potestad de los estados
La decisión sobre declarar feriados como el Viernes Santo recae en los gobiernos estatales y locales. Para 2026, once estados otorgarán ese estatus, aplicando suspensiones de actividades y cierres administrativos. Sin embargo, esta descentralización ha producido fallos judiciales contradictorios en distintas regiones del país.
Debates en los tribunales
La Corte Suprema no se ha expedido de manera directa sobre la constitucionalidad de declarar feriado el Viernes Santo. No obstante, cortes de apelaciones han emitido veredictos opuestos. El Noveno Circuito, en el caso de Hawái, consideró que no violaba la Constitución, mientras que el Séptimo Circuito anuló una ley similar en Illinois por considerar que favorecía a los cristianos.
La divergencia radica en la interpretación del impacto del feriado. Algunos tribunales aceptan justificaciones seculares, como la gestión del ausentismo laboral. Otros ven en el reconocimiento una clara preferencia religiosa, incompatible con el mandato de neutralidad estatal.
Un panorama fragmentado
Esta situación crea un mosaico legal donde la observancia de la Semana Santa varía enormemente según la jurisdicción. Mientras oficinas federales y escuelas públicas en la mayoría del país funcionan con normalidad, en ciertos condados o estados con alta población católica o protestante las actividades se suspenden parcial o totalmente.
El debate refleja la tensión permanente en la sociedad estadounidense entre la libertad religiosa y la separación constitucional entre iglesia y estado, un dilema que resurge cada año cuando el calendario litúrgico señala la conmemoración de la pasión y muerte de Jesucristo.
