Wallada, la princesa poeta de Córdoba que cambió la realeza por un salón literario y desafió a su tiempo

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Cuando el Califato de Córdoba comenzaba a resquebrajarse, una mujer decidió escribir su propia historia. Se llamaba Wallada y, aunque nació princesa, prefirió ser recordada como poeta.

Hija del efímero califa Muhammad III al‑Mustakfi, Wallada llegó al mundo en la capital de Al-Ándalus entre finales del siglo X y comienzos del XI. Su nacimiento coincidió con los últimos años del Califato omeya, una época marcada por la inestabilidad tras el reinado de Almanzor. En medio de un clima convulso, el padre de Wallada alcanzó el poder en 1024 tras asesinar a Abderramán V. Su reinado fue breve, porque murió también de forma violenta. Aquella tragedia dinástica marcó el destino de su hija.

Un salón literario

Sin hermanos varones, Wallada heredó la fortuna familiar cuando aún era joven. Aquella herencia, más que un símbolo de estatus, se convirtió en su herramienta de independencia.

Con ella se liberó de la tutela masculina y se instaló en su propio palacio, donde fundó uno de los espacios culturales más singulares de su tiempo, un salón literario abierto a chicas de buena familia y esclavas. Allí también se daban cita otros literatos y personas ilustres de la época.

Vista desde la Mezquita-Catedral de Córdoba. / Manuel Murillo

Una figura provocadora

En una sociedad donde las mujeres estaban sometidas a estrictas normas sociales, la actitud de Wallada resultaba provocadora. Se dice que paseaba por la ciudad sin velo y que llevaba bordados en los hombros de sus vestidos versos propios.

Era, según las crónicas, bella, de piel clara, ojos azules y cabello rojizo, pero sobre todo culta, orgullosa y consciente de su talento.

Uno de sus versos más conocidos resume bien su carácter desafiante: «Estoy hecha, por Dios, para la gloria, / y camino orgullosa por mi propio camino. / Doy poder a mi amante sobre mi mejilla / y mis besos ofrezco a quien los desea».

Una historia de amor

Pero si algo ha marcado la memoria literaria de la princesa poeta es su historia de amor con el gran poeta andalusí Ibn Zaydun. Su relación, intensa y conflictiva, alimentó algunos de los versos más famosos de la lírica de Al-Ándalus. Según la tradición, ambos se conocieron en una velada poética en la que pasaron la noche respondiéndose con improvisaciones en verso.

Monumento de los Enamorados, en Córdoba, en memoria del amor entre el poeta Ibn Zaydun y Wallada. / Córdoba

Aquella rivalidad literaria pronto se convirtió en pasión. Sin embargo, el romance debía mantenerse en secreto porque Ibn Zaydun estaba vinculado a un linaje rival. La relación terminó de forma abrupta y, tras la ruptura, la poesía se transformó en campo de batalla. Los poemas conservados de la princesa giran en gran parte alrededor de ese amor y de la traición que supuestamente puso fin a la historia.

Independencia intelectual

La fama de Wallada fue ambivalente. Para algunos era una mujer escandalosa y para otros, un símbolo de independencia intelectual. Nunca se casó y administró su fortuna hasta el final de su vida, algo poco habitual para una mujer de su tiempo.

Tras la desaparición del Califato y el surgimiento de los reinos de taifas, encontró protección en dos influyentes figuras de la cultura andalusí como eran Ibn Hazm, autor de El collar de la paloma, y el visir Ibn Abdus, que según algunas fuentes permaneció a su lado durante décadas.

Wallada murió el 26 de marzo de 1091, ya octogenaria, el mismo día en que los almorávides entraban en Córdoba. Con ella desaparecía una figura singular de la cultura andalusí. Hoy apenas se conservan unos pocos de sus versos. Sin embargo, su figura sigue fascinando.

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