La frase que sirve de título a esta columna se ha utilizado para animar a superar un desengaño amoroso. Siempre ha tenido una connotación positiva y un espíritu animoso. Pero puede ser algo tremendo y negativo si observamos la actualidad geopolítica. El otro día, en la radio, lo comentaban así: con la aceleración de las noticias, vemos que un conflicto tapa a otro, un bombardeo hace que nos olvidemos del anterior aún reciente. Te duele un arañazo, te cortas el dedo y ya ni lo notas.
Gaza empezó a diluirse con el supuesto Plan de Paz. Difícil que encuentre sitio en una portada, aunque siga muriendo gente y la vida sea imposible, aunque avance la ocupación de Cisjordania. Y, si volvemos allí, es porque Israel está bombardeando otros lugares, algunos más próximos que otros. La escalada nos arrolla como una ola gigante. Y, como la economía manda (no la economía doméstica), vemos enriquecerse, una vez más, a las empresas de armamento y los titulares dan protagonismo a las subidas y bajadas del petróleo y la bolsa.
Pero en mi empeño por no olvidar, hoy rindo un pequeño homenaje a dos mujeres importantes asesinadas, precisamente, en un mes de marzo.
Berta Cáceres fue asesinada el 2 de marzo de 2016 en su casa, en La Esperanza, Honduras, por desafiar a empresas, gobiernos y estructuras de poder que pretendían apropiarse del río Gualcarque, sagrado para su comunidad. Quienes ordenaron el crimen permanecen impunes.
Marielle Franco, concejala de Río de Janeiro y activista social, fue asesinada junto con Anderson Gomes, el conductor de su coche, el 14 de marzo de 2018. La Corte Suprema de Brasil ha hecho justicia hace unas semanas y ha condenado a los autores intelectuales de su asesinato, ocho años después del crimen que estremeció al país.
Ni clavos, ni drones, ni bombas borrarán los nombres de Berta Cáceres y Marielle Franco. Siempre en nuestra memoria.
*Activista de amnistía internacional
