Pedro Urruchurtu (Caracas, 1990) es el coordinador de Relaciones Internacionales en la oficina de la líder opositora María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, cargo que le valió la persecución política por parte del régimen de Nicolás Maduro. Pasó más de 400 días atrapado dentro de la embajada argentina en Caracas, junto con cinco colegas, de donde salió en una operación coordinada con EEUU, donde reside desde entonces. Justifica la intervención estadounidense del pasado 3 de enero y adopta la denominación trumpista del «Cártel de los Soles», acuñada en el mundo académico venezolano para referirse al régimen autocrático de Maduro que, al asimilarse de forma literal, ha permitido a la Administración Trump justificar la captura de Maduro como líder del supuesto grupo criminal y llevárselo a suelo estadounidense para juzgarlo. En este contexto, Urruchurtu atiende a EL PERIÓDICO durante su participación en la Cumbre de Derechos Humanos y Democracia de Ginebra, en Suiza.
¿Quién manda hoy realmente en Venezuela?
El régimen quedó herido de muerte el 3 de enero. EEUU ha tomado la batuta de manera importante y ha establecido una transición por fases que busca la estabilidad a largo plazo para las inversiones, el Estado de Derecho y la democracia, y evidentemente para los venezolanos. Marco Rubio lo dijo en la Conferencia de Seguridad de Múnich esta semana: nadie puede dudar de que Venezuela está mejor el 3 de enero que el 2 de enero. Eso abre una oportunidad, pero para que se concrete tiene que ser una transición real.
Bajo el liderazgo de Delcy Rodríguez, ¿en qué se diferencia esa transición de una continuidad?
La situación es radicalmente distinta porque se demostró capacidad de ejecución. Ya no es cuestión de si el régimen quiere ceder, es que tiene que ceder. Hay una legitimidad y un liderazgo que antes el régimen intentaba ignorar y ahora ya no puede. Esto pone al régimen en contradicción: intenta complacer a su base manteniendo su narrativa interna; pero se tienen que desmantelar a sí mismos, y lo saben.
Con Maduro ya capturado, ¿qué palancas de presión quedan para evitar que los cambios sean meramente cosméticos?
Hay una amenaza creíble que se materializó el 3 de enero y no ha desaparecido: sigue habiendo un despliegue en el Caribe y EEUU ha demostrado que está dispuesto a usarla. El régimen sabe que, si no cumple, la amenaza se activa y puede repetir lo que ya ocurrió. Los avances no responden a una epifanía democrática, sino al miedo. Saben que, si no cumplen, les puede pasar lo mismo que a Nicolás Maduro. Incluso cuando excarcela pero evita liberaciones plenas sabe que es un juego peligroso: si las liberaciones no son completas, el régimen sabe que está jugando con fuego.
¿Qué tiene que pasar para que María Corina Machado y Edmundo González lideren efectivamente el Gobierno?
Según el esquema de EEUU, primero va el desmantelamiento del aparato represivo: cierre de centros de detención y tortura, responsabilidades ante la justicia y libertad plena e inmediata para todos los presos políticos. Después, el retorno del exilio con garantías reales. Si se desmonta el miedo, el régimen se queda sin lo único que lo sostiene. A partir de ahí se reconoce el mandato del 28 de julio [elecciones en las que la oposición proclamó a Edmundo González Urrutia como ganador] y se abre una transición que derive en reinstitucionalización y nuevas elecciones.
¿Les sorprendió que María Corina Machado no fuera nombrada para liderar la transición tras el 3 de enero?
EEUU ha actuado en función de sus intereses y de lo que considera necesario para la estabilidad del proceso. Eso no significa que no haya comunicación, coordinación y articulación. EEUU tiene un enfoque que, a nuestro modo de ver, podría haber sido distinto, pero es el que consideran más útil en esta etapa. Nosotros les hemos hecho saber que estamos listos para tomar el poder tan pronto como corresponda.
¿Le preocupa que EEUU vaya demasiado lejos con su intervención?
EEUU decidió arriesgar la vida de sus soldados por otro país con el objetivo de sacar a Nicolás Maduro y a Cilia Flores del poder. Como cabezas de un cártel, por cierto. No fue un golpe de Estado. Fue, literalmente, desmantelar la cabeza de una estructura criminal de un cártel. Confiamos en nuestro principal aliado y también confío en los venezolanos y en su propio liderazgo. Hay urgencia, y a veces los tiempos internacionales no la reflejan.
Usted usa el término «Cártel de los Soles», como la Administración Trump, de forma literal, aunque el término era más bien académico e informal para referirse al régimen…
Controvertido es negar que el régimen es criminal. El Cártel de los Soles existe y el régimen forma parte. Es una estructura que ha ocupado el poder y ha convertido a Venezuela en un narcoestado. El cártel es real.
¿Cómo fueron esos 400 días que pasó en la embajada argentina de Caracas?
Confirmaron la naturaleza criminal del régimen. Convirtieron una embajada en una cárcel, violando normas y el derecho internacional. Éramos rehenes, usados como fichas. El día a día era supervivencia. Te aferras a lo mínimo y te sostienes en la convicción de estar haciendo lo correcto. Hubo privación extrema de comida, agua, electricidad, pero lo más impactante fue comprender hasta dónde estaban dispuestos a llegar. Y uno se pregunta: ¿qué hubiera pasado si nos hubieran matado ahí dentro?
¿Quiere responder a su propia pregunta?
Quisiera creer que habría pasado algo, pero probablemente no habría pasado nada; eso es lo más duro, porque ya habían pasado 14 meses sin reacción efectiva.
¿Cómo fue la salida?
La salida se podrá contar con detalles más adelante. Solo puedo decir que hay que tomar decisiones cuando tu vida está en riesgo y cuando al final sabes que tu única opción es intentarlo, así salga mal. Yo creo que lo volvería a hacer porque es lo correcto.
¿Qué esperan de España?
De España esperamos mucho más, pero queda claro que han tomado una posición neutral que lamentablemente termina favoreciendo al sistema. [José Luis Rodríguez] Zapatero deja cada vez más en evidencia su papel: más que un operador del régimen, es un facilitador de su dinámica criminal, algo perverso y peligroso. El Gobierno español sí ha tenido muestras importantes de solidaridad y acompañamiento con los exiliados políticos, pero ha adoptado posturas que, lamentablemente, han favorecido al régimen.
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