El resultado de esta Super Bowl ha sido lo de menos [los Seattle Seahawks ganaron tras derrotar a los New England Patriots con un marcador de 29-13]. Seguro que se recordará sobre todo por el ‘show’ de Bad Bunny en el medio tiempo, acompañado de Lady Gaga y Ricky Martin, y, una vez más, por la pléyade de famosos que no se han perdido el espectáculo desde las gradas del Levi’s Stadium de Santa Clara. Y, entre todos los rostros conocidos, hubo una pareja que acaparó miradas y titulares: Kim Kardashian y Lewis Hamilton, que han pasado en pocos días del rumor europeo al debut definitivo como pareja en California.
Primero fue Inglaterra. Después, Francia. Ahora, California. Kim Kardashian (45) y Lewis Hamilton (41) han seguido un recorrido casi cinematográfico antes de dejar de esconderse. Lo que empezó como una amistad especial de años ha tomado otro rumbo con una escapada de lujo a los Cotswolds británicos, seguida de una visita a París (con fotos de la Torre Eiffel al fondo) que terminó de disparar las especulaciones.
Super Bowl, punto de no retorno
En un estadio con más de 70.000 espectadores -y millones de ojos en todo el mundo- la empresaria y el piloto de Fórmula 1 hicieron su primera aparición pública sin disimulos. No se mezclaron entre el público: ocuparon uno de los palcos de mayor visibilidad, rodeados de amigos -y familiares, pues también estaba la hermana pequeña de la ‘socialité’, la ‘top’ Kendall Jenner, hace uno años pareja de Bad Bunny– y perfectamente conscientes de cada cámara. Nada improvisado. Nada casual.
Las imágenes hablan por sí solas. Risas, confidencias al oído, miradas cómplices y hasta un beso en los labios. Kim, inconfundible incluso tras unas gafas futuristas XXL y un enorme collar; Lewis, fiel a su pendiente característico y a esa elegancia relajada que últimamente lo sitúan entre los ‘it boys’ de moda.
Fuentes cercanas piden prudencia sobre este romance, pero cuando una Kardashian decide no esconderse, suele ser porque el siguiente capítulo ya está escrito.
Una grada de pasarela
La Super Bowl LX fue también un desfile de nombres propios. Jay-Z paseó por el césped junto a su hija Blue Ivy antes del ‘kickoff’; también estaba Beyoncé; Leonardo DiCaprio observó el partido desde un palco -y bajo su gorra-; Justin y Hailey Bieber llegaron temprano.
Pero si hubo un momento que transformó la noche en algo más que entretenimiento fue el ‘halftime show’. La gran protagonista visual fue la ya icónica «casita», inspirada en una vivienda tradicional puertorriqueña. Lejos de ser un simple decorado, funcionó como punto de encuentro, pasarela viva y corazón cultural del ‘show’. Allí se mezclaban artistas, bailarines e invitados VIP en una atmósfera cercana, festiva y profundamente latina.
Karol G brilló con un vestido blanco de encaje, semitransparente y efecto segunda piel, sensual y poderoso, perfectamente integrado en la estética del set. Cardi B apostó por el romanticismo estructurado: corsetería, volúmenes y capas en tonos crema, dramatismo puro con sello propio. Jessica Alba sorprendió con un ‘look’ ‘effortless’ -‘top’ blanco y vaqueros- demostrando que el denim bien combinado sigue siendo una apuesta ganadora incluso en el mayor escenario del mundo.
Pedro Pascal aportó el toque masculino más ‘cool’, integrado con naturalidad en la «casita» y convertido en uno de los rostros más compartidos en redes.
Y entonces llegó uno de los momentos más celebrados: la aparición de Ricky Martin. Elegante, carismático y con presencia intacta, su participación elevó la emoción del espectáculo y reforzó el homenaje a la música latina en el mayor escaparate global.
Moda, polémica y símbolos
Bad Bunny hizo historia también con un detalle inesperado: un ‘look’ de Zara, confirmando que la moda española puede colarse sin complejos en el epicentro del ‘show’ americano. Lady Gaga reapareció con un vestido azul cielo cargado de simbolismo (con los colores de Puerto Rico, de la marca Luar, del diseñador dominicano-estadounidense Raul López)
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