El eje cultural de Reyes Católicos

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La calle Reyes Católicos fue en la segunda mitad el siglo XX un eje cultural céntrico y potente, jalonada de edificios de ese carácter; algunos de ellos han ido desapareciendo a lo largo de las últimas décadas. Ahora acaba de ser demolido el número 6, que mostraba a la calle una bella y equilibrada fachada, posiblemente del arquitecto Carlos Sáenz de Santa María, tan ligado a la Iglesia diocesana y muy activo en los años cuarenta y cincuenta. En la última década el edificio ha acogido el Córdoba Social Lab, un espacio abierto en mayo de 2014 por la Fundación Cajasur «para el fortalecimiento del tercer sector en Córdoba», como reza en su página web. (Dice la IA que el tercer sector engloba a organizaciones privadas sin ánimo de lucro -como oenegés, fundaciones y asociaciones- cuyo principal objetivo es el bienestar social, la defensa de los derechos y la atención a colectivos vulnerables).

He sentido tristeza al ver la excavadora de Barea reduciendo a escombros tan bello edificio, que le daba carácter a la calle, paso previo a la construcción de apartamentos turísticos en el solar, la moda creciente del siglo. Y he sentido tristeza porque ha desfilado por mi mente en pocos segundos la película de las muchas actividades que durante décadas desarrolló allí el Monte de Piedad, luego Cajasur, especialmente en la época en que el profesor Luis Palacios dirigió la Obra Cultural, actividad continuada por su sucesor José Eduardo Huertas. Durante muchos años aquel centro cultural conocido como Cajasur-Reyes Católicos era cita obligada para asistir en su confortable y alargado salón de actos a presentaciones de libros, conferencias, simposios, recitales, conciertos, cineforos (incansable Rafael Galisteo, fallecido el viernes), cursos formativos y otras actividades destinadas a enriquecer el nivel cultural de los cordobeses. Una variada oferta que se complementaba con las frecuentes muestras artísticas organizadas en su accesible sala de exposiciones, algunas, memorables. No hay espacio para citarlas, pero queda su huella en la memoria de cuantos las disfrutamos. Sin olvidar las salas de lectura tan concurridas por estudiantes. Tantas actividades fueron también permanente foco de atracción y alimento de los periodistas culturales.

Pero el derribo de ese edificio no ha sido la única huella cultural desaparecida en la calle Reyes Católicos. En la acera de enfrente abrió a finales del siglo pasado una activa galería de arte que bajo distintos nombres y gestores (Vivancos, Manuela y López-Obrero) mostró frecuentes exposiciones, especialmente atentas a los artistas cordobeses, y hoy es mero recuerdo. Y qué decir del prolongado cierre del histórico cine Alkázar y sus sucesivos multicines (seis salas), céntrico templo del séptimo arte que cerró sus puertas en abril de 2011 con la promesa de una renovación de sus instalaciones que no se ha cumplido. Sí, ha menguado la oferta cultural de ese eje urbano que en otro tiempo tanto nos mejoró. Menos mal que a la entrada y salida de la calle perviven la Diputación Provincial y el Colegio de Arquitectos, instituciones generadoras de cultura que mantienen alto el pabellón de la divulgación del saber. Así que no todo está perdido.

*Periodista

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