Sabías que Carlos Paz tuvo una isla artificial en el lago San Roque?

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Para los turistas es un mito urbano, pero para los vecinos de Villa Carlos Paz, la denominada «Isla Flotante» fue una pieza de ingeniería y folklore local que marcó una época dorada en el lago San Roque. Y alguna vez, ostentó el título como centro de la vida social y nocturna de la localidad y punto de encuentro olvidado de cada temporada de verano.

A finales de la década del 60, el espíritu emprendedor de la ciudad buscaba un atractivo que rompiera los esquemas tradicionales. Fue así como surgió el proyecto de una plataforma flotante construida sobre enormes tambores de aceite y una estructura de hierro, anclada en el corazón del lago. Originalmente concebida como un parador náutico, la isla se convirtió rápidamente en un hito de la arquitectura recreativa de la época y vivió momentos de esplendor en la década del setenta.

la isla no era solo un pedazo de metal flotante; era el lugar donde había que estar. Durante mucho tiempo, solo se podía llegar mediante lanchas-taxi que salían desde la costanera y contaba con un bar, una pista de baile y solárium. Fue escenario de desfiles de moda, presentaciones de orquestas en vivo y el punto de encuentro de las celebridades que hacían temporada en el teatro.

Uno de sus mayores atractivos es que ofrecía una vista de 360 grados de las sierras, una experiencia única que no podía replicar ningún hotel de la costa. Además de ser el sitio elegido para numerosas fiestas de clubes e instituciones de la ciudad, también fue inmortalizada en la película «Tres alegres fugitivos» que contó con las actuaciones de Minguito, Tristán y Carlitos Balá.

Sus tradicionales carpas de color naranja sobresalían sobre las aguas del embalse y se ubicaba en inmediaciones del Paseo de los Patos. Durante los meses de verano, concentraba la atención de todos los que hacían deportes acuáticos y que finalizaban la tarde tomándose algún trago o refresco en sus múltiples espacios. De noche, también era frecuentado el salón bailable que albergaba.

Los más chicos recuerdan que tenía un tobogán que desembocaba en las aguas del lago y supo recibir cientos de casamientos, cumpleaños y otro tipo de encuentros sociales, hasta que entró en desuso y fue desmantelándose por la falta de mantenimiento.

Como todo icono, la Isla Flotante también tuvo su ocaso. El mantenimiento de una estructura metálica en contacto constante con el agua era extremadamente costoso y complejo, pero además se sumaron los problemas con las concesiones y normativas de seguridad náutica complicaron su funcionamiento. Tras una serie de tormentas fuertes y años de abandono, la estructura comenzó a hacer agua. Finalmente, gran parte de la plataforma se hundió y los restos fueron arrastrados hasta Bahía del Gitano.

En los últimos días de su existencia, debió desmantelarse porque sus partes estaban desparramadas por distintos puntos del lago.

El recuerdo de la «Isla Flotante» todavía vive en las fotos de los álbumes familiares y representa una era de bohemia y vanguardia donde Carlos Paz se animaba a desafiar los límites de lo posible para atraer al turismo.

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