Cómo proteger tu traje de baño del cloro

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Hay prendas que parecen resistirlo todo hasta que, de un día para otro, revelan el efecto del uso constante. Los trajes de baño de natación pertenecen a esa categoría silenciosa: acompañan horas de entrenamiento, chapuzones rápidos y rutinas que dependen del agua para mantenerse vivas. Pero el cloro —tan útil para mantener las piscinas seguras— deja una huella particular sobre fibras, colores y elasticidad. Cuidarlas no es complicado, aunque sí requiere prestar atención a ciertos hábitos simples que suelen pasarse por alto en la vorágine de cambiarse, ducharse y seguir con el día.

Por qué el cloro deteriora el traje con el tiempo

A simple vista el cloro parece un agente inocuo, pero su interacción con los tejidos es mucho más compleja. Esta sustancia oxida los materiales sintéticos y afecta especialmente al elastano, responsable de que el traje conserve su forma. Con el tiempo, ese daño se traduce en telas que se aflojan, se adelgazan o pierden resistencia en zonas específicas.

El cloro también tiende a depositarse en fibras que permanecen húmedas por tiempo prolongado. Por eso, guardar un traje mojado en una bolsa cerrada prolonga la exposición y acelera el desgaste. Dejar el traje respirar —aunque sea dentro del bolso— es una práctica sencilla que reduce este riesgo.

Además, pequeñas partículas de cloro pueden reaccionar con productos como cremas, protectores solares o desodorantes, generando manchas o áreas decoloradas. Enjuagar el cuerpo antes de nadar no solo protege la piel, sino también la tela.

Qué hacer apenas salís de la pileta

Aunque el cloro no actúa de manera inmediata, su efecto se intensifica cada minuto que permanece en contacto con la tela. Por eso, el primer cuidado empieza incluso antes de volver a casa. Apenas termina la sesión, muchas personas salen del agua, se calzan algo cómodo para los vestuarios —desde sandalias básicas hasta un par de crocs de hombres, muy comunes en zonas húmedas— y van directo a la ducha para enjuagar el traje con agua fría. Ese gesto rápido ayuda a reducir gran parte del daño químico que se produce cuando las fibras quedan impregnadas de cloro.

El enjuague no necesita ser perfecto ni durar demasiado: basta con dejar correr el agua durante unos segundos. La temperatura baja ayuda a cerrar los tejidos y evitar que la fibra se debilite. A veces, esos hábitos mínimos son los que más prolongan la vida útil del traje, incluso si pasan desapercibidos en la rutina diaria.

Cómo lavar el traje sin dañarlo

Una vez terminado el día, el segundo cuidado importante tiene que ver con la forma en que lavamos el traje. La recomendación general coincide en un punto: evitar detergentes agresivos. Estos productos, pensados para eliminar suciedad intensa, pueden alterar la composición de los tejidos elásticos. En su lugar, resulta más adecuado usar jabones suaves que remuevan el cloro sin alterar las fibras.

El lavado ideal es a mano. No hace falta restregar con fuerza; alcanza con movimientos suaves, casi como si se estuviera masajeando la tela. Esta forma de lavar permite que el traje no pierda estructura, especialmente en prendas de poliéster, elastano o mezclas diseñadas para resistir movimientos repetitivos.

Otro hábito importante consiste en evitar retorcer el traje para escurrirlo. La torsión extrema de las fibras genera deformaciones que se hacen visibles con el tiempo. Sustituir ese gesto por presionar suavemente la tela entre las manos ayuda a conservar la elasticidad original.

El secado, un paso que suele subestimarse

Uno de los factores que más desgaste genera es la exposición al sol luego del lavado. Aunque parezca contradictorio —sobre todo en deportes al aire libre—, el sol directo acelera la pérdida de color y debilita la estructura del tejido. La mejor forma de secar un traje de baño es colocarlo a la sombra, sobre una superficie plana o colgado sin estirar.

El calor extremo del sol produce una reacción que, sumada al cloro residual, vuelve quebradiza la fibra. Una prenda que se seca siempre a la sombra puede mantener su color original mucho más tiempo, incluso si se usa varias veces por semana.

Por otro lado, los secadores automáticos que suelen encontrarse en algunos vestuarios, aunque prácticos, no siempre son la mejor opción. Suelen trabajar con aire caliente que acelera el deterioro. Si se usan solo en casos de urgencia, conviene limitar al mínimo la temperatura y el tiempo.

Cuando el cuidado es parte del hábito

En la natación, donde la constancia se construye más en los detalles que en las distancias, contar con un traje que se mantenga firme y cómodo facilita esa continuidad que muchas veces sostiene la rutina. Y quienes buscan acompañar todo ese proceso con accesorios prácticos para vestuarios y traslados encuentran opciones pensadas para la vida diaria de los nadadores en tiendas que integran un buen mix deportivo, como Vaypol.

Esa combinación entre cuidados simples y equipamiento elegido con intención termina dando forma a una experiencia más agradable, donde cada salida al agua se siente más liviana y la prenda acompaña sin desgastarse antes de tiempo.

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