El abogado laboralista Eugenio Biafore publicó una columna en Otra Vuelta de Tuerca donde aborda las reformas laborales y su impacto en la negociación colectiva, en el aniversario de la Ley 12.921.
El abogado laboralista Eugenio Biafore publicó este viernes una columna en el programa Otra Vuelta de Tuerca, en la que analizó las actuales propuestas de reforma laboral y su relación con la negociación colectiva. La publicación coincidió con el aniversario de la promulgación de la Ley 12.921, ocurrida el 13 de octubre de 1946.
Según el texto, esa norma consolidó conquistas como el salario mínimo, el aguinaldo y el modelo de asociaciones sindicales en Argentina. Biafore sostuvo que ese andamiaje inicial fijó las bases para que el Estado cediera a las partes la facultad de pactar salarios básicos mediante la negociación colectiva por actividad, con coberturas mínimas para la vida digna de la familia trabajadora.
El especialista utilizó la figura náutica de la «calma chicha» —ausencia total de viento que inmoviliza a los navíos— para describir la intención que atribuyó a las actuales propuestas de reforma laboral. De acuerdo con su análisis, el contexto normativo vigente busca aplacar el impulso de las paritarias y frenar la dinámica de los derechos del trabajo, con el objetivo de imponer una sensación de serenidad donde, afirmó, se incuba una tensión social.
Entre los mecanismos de esta situación, Biafore mencionó dos: la búsqueda de dar preeminencia a los convenios por empresa por sobre los nacionales de actividad, lo que expondría a delegados y comisiones internas a firmar condiciones a la baja, y la amenaza de retirar las homologaciones a convenios colectivos históricos. Frente a esto, enfatizó que la negociación colectiva está resguardada como un derecho humano fundamental por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Finalmente, el laboralista concluyó que pretender establecer un «punto cero» en la lucha por salarios dignos y condiciones justas implica ignorar la naturaleza de las relaciones de trabajo. Sostuvo que, así como no se puede detener el viento, forzar una calma chicha en las dinámicas laborales es, históricamente, el preludio de la tormenta.
