En el marco del ciclo anual de conferencias de la Escuela de Abogados del Estado, tres especialistas analizaron el vínculo entre cibercrimen e inteligencia artificial desde perspectivas jurídica, psiquiátrica y organizacional.
En la continuidad del ciclo anual de conferencias gratuitas que ofrece la Escuela de Abogados del Estado (EAE), tres profesionales especializados en distintas disciplinas abordaron el tema “Cibercrimen e IA”.
La directora de la EAE, Mariana Boschetto, presentó a Fabrizio Bertini, abogado y especialista certificado en Antilavado de dinero (ACAMS); Carolina Remedi, especialista en Psiquiatría Infanto Juvenil; y Gabriela Ramos, consultora organizacional, neurocoach ejecutivo y diplomada en neuroliderazgo. Boschetto aludió al interés despertado por el tema, que fue seguido por Zoom y YouTube por una importante cantidad de inscriptos desde distintas provincias.
Fabrizio Bertini alertó sobre la vertiginosa masificación de la IA y afirmó que “trae consigo una amenaza silenciosa y en expansión: el uso de estas mismas herramientas por parte del cibercrimen para vulnerar la seguridad institucional”. Añadió que las cifras reflejan la urgencia del debate: “De acuerdo con datos recientes de la OCDE (2025), el 20,2 % de las organizaciones de sus países miembro ya integra la IA en sus operaciones cotidianas, habiendo duplicado su tasa de adopción en apenas dos años”. Precisó que “en el ámbito estatal, esta accesibilidad permite optimizar tareas diarias y agilizar trámites, pero su falta de regulación o adopción tardía no solo representa una desventaja en la gestión, sino también un agujero en la ciberseguridad. Hoy, la automatización ha potenciado modalidades ilícitas innovadoras que superan las barreras de seguridad tradicionales”. Concluyó que “la masificación de la IA nos obliga a repensar la ciberseguridad no como un problema puramente técnico, sino de gobernanza integral. Las organizaciones no pueden permitirse quedar atrás en la adopción de estas herramientas, pero tampoco pueden avanzar sin un marco de buenas prácticas que mitigue su superficie de riesgo frente a actores que tengan fines ilícitos”.
Carolina Remedi centró su exposición en advertir que las ciberestafas dependen menos de complejas operaciones técnicas que de la vulnerabilidad del ser humano. Sostuvo que “la tecnología evoluciona a una velocidad extraordinaria. Pero el verdadero blanco de las estafas digitales no son las computadoras: somos las personas. ¿Por qué personas inteligentes, prudentes y con experiencia también pueden ser víctimas de una estafa digital? El miedo, la urgencia, la confianza, la soledad, el deseo de ayudar o de no perder una oportunidad, son algunas de las vulnerabilidades que hoy explotan los ciberdelitos”. La psiquiatra consideró que “en un entorno cada vez más digital, comprender los factores humanos que influyen en nuestras decisiones (que pueden ser aprovechados para el engaño), se ha convertido en una herramienta esencial de prevención. Los ciberdelitos no comienzan cuando alguien vulnera un sistema informático; comienzan cuando logran vulnerar la atención, la confianza o las emociones de una persona”.
Gabriela Ramos puntualizó que “los ciberdelincuentes utilizan tecnologías cada vez más sofisticadas para influir en el comportamiento humano, generando nuevos desafíos para el derecho, la ciberseguridad y las organizaciones”. Advirtió que los cambios generados con el tiempo obligan a modificar también la prevención: “Durante muchos años pensamos que la ciberseguridad consistía en proteger computadoras, servidores o redes. Sin embargo, hoy sabemos que los ataques más efectivos no comienzan en un dispositivo, sino en nuestra mente”. Subrayó que “la ingeniería social ‘aprovecha’ nuestras emociones, sesgos cognitivos y hábitos para influir en nuestras decisiones y vulnerar nuestra seguridad. Comprender cómo funciona nuestro cerebro, cómo procesamos la incertidumbre y cómo tomamos decisiones son hoy competencias esenciales para gestionar los desafíos del mundo digital”. Señaló que “la convergencia entre la ingeniería social, la neurociencia y la inteligencia artificial redefine los desafíos del derecho, la seguridad digital y la toma de decisiones”. También afirmó que “cada avance tecnológico trae consigo nuevas oportunidades, pero también nuevas formas de intervenir en nuestros comportamientos y nuestras decisiones. La inteligencia artificial está transformando la manera en que trabajamos, nos comunicamos y resolvemos situaciones. Sin embargo, este nuevo escenario plantea una pregunta desafiante: ¿estamos preparados para utilizarla de manera estratégica y consciente?”.
