En cada ciclo electoral, los candidatos prometen gobernar para ‘todos’. Sin embargo, las personas con discapacidad suelen quedar fuera de esa promesa, enfrentando abandono y exclusión. Expertos señalan que la inclusión requiere superar la pobreza, visibilizar sus necesidades y promover un cambio cultural que los reconozca como sujetos de derecho.
Córdoba – En los discursos de campaña de candidatos a presidente, gobernador, intendente y otros cargos, es habitual escuchar la promesa de ‘gobernar para todos’. Sin embargo, según advierten especialistas, esa expresión rara vez incluye a las personas con discapacidad física, sensorial o mental.
Históricamente, este grupo ha sido abandonado, segregado o ignorado. Cuando son mencionados, suele ser desde la lástima o la beneficencia. Aunque existen marcos conceptuales como los de la Organización Mundial de la Salud y legislación nacional y provincial, las acciones concretas son mayoritariamente asistencialistas, agravadas por la retirada del Estado en el ámbito de la salud.
En el caso de las personas con discapacidad que viven en situación de pobreza, se suma una doble exclusión: por su condición económica y por su discapacidad. La pobreza actúa como un factor que potencia la discriminación.
Para que la palabra ‘todos’ cobre sentido real, se plantean tres desafíos: superar las condiciones de pobreza de la mayoría de la población; generar condiciones básicas de atención y contención para las personas con discapacidad; y promover un cambio cultural que las reconozca como sujetos de derecho, capaces de participar en las decisiones que afectan su calidad de vida.
Desde una perspectiva biológica y sociocultural, existe consenso en que la diversidad es sinónimo de riqueza. Una comunidad abierta a la diferencia debe entender que la discapacidad es una forma de diversidad que puede enriquecer el conjunto social.
Incluso, algunos sostienen que ‘todos somos discapacitados’: unos por sus limitaciones físicas, sensoriales o psicológicas; otros, por la dificultad para aceptar e integrar a quienes son diferentes.
Si bien la contención familiar es importante, en muchos casos la asistencia profesional en instituciones especializadas es imprescindible. Estas no deben ser ‘depósitos’, sino espacios de contención y rehabilitación basados en la comunidad, que fortalezcan las redes necesarias para que las personas con discapacidad puedan construir ciudadanía plena.
