El psicólogo Alejandro Schujman llega a Quality Teatro con su espectáculo «Adolescencia, un desafío posible», una propuesta que combina humor, música y reflexión para abordar la desconexión digital y la crianza afectiva.
El próximo 15 de mayo, el psicólogo Alejandro Schujman presentará en Quality Teatro su unipersonal «Adolescencia, un desafío posible», a las 20.00. Las entradas se encuentran disponibles en el sitio web del teatro. Bajo la dirección de Eugenia Tobal, la obra propone valorar el amor propio como el factor de protección más valioso para los hijos, promoviendo la comunicación a través de «pantallas apagadas, miradas encendidas» y el disfrute compartido en un clima de intimidad.
El espectáculo, de 90 minutos de duración, incluye humor, música y diálogo con el público, y está recomendado para familias con hijos a partir de 11 años. En un contexto donde la inmediatez digital ha afectado los vínculos personales, la propuesta busca recuperar la autoridad afectiva y abordar temas como la violencia escolar, la baja tolerancia a la frustración y la soledad en redes sociales.
En diálogo con el medio, Schujman explicó que el humor es una herramienta eficaz para tratar temas sensibles. «Cuando podemos entender que esta lluvia nos moja a todos, y podemos pincelar con una sonrisa lo preocupante, es más fácil acercarse a la reflexión», señaló. Además, destacó la importancia de la coherencia: «Los chicos no nos escuchan todo el tiempo, pero no dejan de mirarnos. Educamos con el ejemplo».
Sobre la violencia en las escuelas, el especialista indicó que los jóvenes carecen de umbral de frustración y gestión emocional, y que los adultos deben armar redes para prevenir situaciones de violencia. Respecto al debate sobre la baja de la edad de imputabilidad, Schujman se mostró en contra y abogó por acciones que fortalezcan la escuela para familias y brinden herramientas a los padres. «No se trata de criminalizar la adolescencia, sino de recuperar el sentido común», afirmó.
Finalmente, el psicólogo reflexionó sobre el miedo de los adultos al silencio y al ocio de sus hijos, sugiriendo que permitir el aburrimiento fomenta la creatividad y que «pantallas apagadas, miradas encendidas» es la clave para una conexión genuina.
