Un recorrido por los orígenes del Día del Trabajador y su vigencia en el contexto laboral argentino.
Hace unos años, un viaje a Chicago llevó a descubrir Haymarket, la plaza donde ocurrieron las protestas del 1° de mayo de 1886, hace 140 años. Chicago, como Córdoba, es una ciudad de contrastes: entre la Reforma del ’18 y la “Revolución Fusiladora”, entre el Cordobazo y el Comando Libertadores de América. Allí nació el Día de los Trabajadores, pero también la Escuela de Chicago de Milton Friedman. El lugar emblemático está a 15 cuadras de Millennium Park, frente a una playa de estacionamiento, con un pequeño monumento que recuerda la lucha por las 8 horas de trabajo. La respuesta del gobierno fue represión y muerte, y luego el olvido.
En una hamburguesería cercana, Samuel, un mexicano de Oaxaca, contó que trabaja 12 horas diarias por 1.500 dólares al mes, de los cuales 800 se van en alquiler. En Estados Unidos hay 50 millones de pobres y 100 mil personas duermen en la calle solo en Nueva York. En Argentina, la flexibilización laboral del presidente Javier Milei permite jornadas de hasta 12 horas sin pago de horas extras. A 140 años de los Mártires de Chicago, el reclamo de 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de ocio parece olvidado. La política económica del gobierno argentino favorece la especulación financiera y afecta a los trabajadores. Este 1° de mayo cobra especial relevancia en un mundo dominado por el capitalismo financiero.
