El pianista y percusionista cordobés Enrique «Mono» Villegas revolucionó la música argentina al fusionar los preludios de Chopin con el jazz y el tango, en una obra que desafía las fronteras entre lo académico y lo popular.
Enrique «Mono» Villegas, percusionista de formación que encontró en el piano su verdadera voz, es una figura clave en la modernización de la música argentina. Su obra, lejos de encajar en los cánones tradicionales, propone una lectura personal y audaz del repertorio clásico.
Nacido en Córdoba, Villegas se destacó por su capacidad de fusionar géneros. En su disco Metamorfosis (1967), acompañado por Jorge López Ruiz al contrabajo y Eduardo Casalla en batería, reinterpreta los 24 preludios del Opus 28 de Chopin. Más que una simple adaptación, el álbum es una declaración de principios: la música no entiende de fronteras entre lo académico y lo popular.
La crítica ha señalado que Villegas logra un punto de saturación único, combinando influencias de Thelonious Monk, Bill Evans y Maurice Ravel. Su estilo, descrito como «bárbaro y seductor», desafía las convenciones y propone una escucha renovada del romanticismo. Para el artista, «el intérprete debe imitar lo que busca tocar», pero en sus manos la imitación se convierte en una reinvención constante.
El legado de Villegas trasciende lo musical: es un símbolo de la vanguardia argentina, vinculado al Instituto Di Tella y a los movimientos culturales que transformaron el país en el siglo XX. Su obra invita a preguntarse cómo suena la tradición cuando se la mira desde una perspectiva anfibia, entre el respeto y la irreverencia.
