Esa narrativa urbana

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La Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Córdoba está empezando a diseminar lo que en su página web llama «Gestión de la nueva narrativa urbana», expresada en un vídeo bastante cutre hecho por inteligencia artificial. La cosa, viene a decirse, está clarísima. Si usted quiere ponerle azulejos al patinillo de su casa en Cañero, lo único que tiene que hacer es no equivocarse. Que la gente no sabe y pasa lo que pasa, que las cosas se atascan. Porque el problema no es una regulación hecha a retales o una oficialidad ineficaz, sino que la gente es boba.

Dice el powerpoint que los proyectos de Urbanismo se dividen en cuatro subtipos, que se llaman -lo juro- «2A, 2B, 2C y 2D» -tocado, hundido-. El 2A es el patinillo de la casa, el 2B es el de «instalar paneles solares» (en fin), el 2C es el de hacerse una piscina y el 2D, el de «ciertas demoliciones». Clarísimo y riguroso, oiga. La tesis de los narratólogos de Urbanismo es que, si usted lleva el papelillo correcto, pues ya estaría, amigo.

Hombre, podríamos alegar ante el adanismo municipal algunas cosillas. La primera es que se olvidan de los informes sectoriales, los pasos duplicados, las afecciones al planeamiento, el lentísimo proceso burocrático de aprobaciones sucesivas y sus respectivas publicaciones en boletines oficiales, tablones de anuncios y tal. Los paneles solares, por ejemplo, están prohibidos en el Casco Histórico y la reforma que se iba a hacer en tres días lleva años dando vueltas sin causa aparente.

El storyteller municipal (traducido, el que cuenta pegos) podría empezar por el principio. La gestión urbanística es compleja, mucho más amable para quien puede pagar asesoramiento legal y técnico experto. Lo grande sale adelante y lo chico cuesta un mundo. Las normas son contradictorias, aburren a las ovejas y nunca se ha realizado un estudio serio sobre dimensiones de personal, tecnología necesaria o procedimientos innecesarios. Y no entraremos en algunas inversiones en marcha, como esas zonas verdes con pinta quinqui que hace la municipalidad.

Falta gente en sitios clave y sobra en lugares innecesarios. La actividad económica ha cambiado radicalmente y la estructura es la misma desde hace décadas en un organismo que cumplirá en 2027 sus primeras cuatro décadas de vida. Que creció de forma desmesurada desde la plaza de Colón al cuartel de Artillería sin que hubiese orden, concierto o, como dicen ahora los pijos, misión.

Está muy bien que le quieran lavar la cara al burro, pero lo primero es mirarse con cierta perspectiva crítica. Plantearse siquiera que los retrasos administrativos vienen de que la gente confunde pintar la casa con una piscina es invertir la carga de la prueba. Apuntar intensamente con el dedo a la Luna para ver si la gente mira obsesivamente al dedo.

*Periodista

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