‘Sirat’ vista desde Marruecos: de decorado, un conflicto

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Sirat‘, de Oliver Laxe, emprende esta semana el viaje final hacia los Oscar de Hollywood, que se celebran en la madrugada del próximo domingo. Está nominada a mejor película internacional y a mejor sonido tras unos meses frenéticos trufados de intensas conversaciones, acalorados debates y muchos premios: seis Goyas, 8 Gaudís, 5 Premios del Cine Europeo y el Gran Premio del Jurado en Cannes. La acogida en taquilla, antes de llegar a plataformas, se ha traducido en 438.644 espectadores en 2025 desde su estreno en junio y otros 25.000 en los dos primeros meses de 2026.

Aunque ha sido rodada entre España y Marruecos (16 días en Teruel y 20 en el país africano), es en este último país en el que transcurre la historia. El director, Oliver Laxe, conoce bien Marruecos más allá de las imágenes y ‘reels’ de Instagram que muestran la cara más turística del país. Vivió 12 años allí tras un Erasmus en Londres. Llegó con 24 años. Allí dirigió sus dos primeros largos, el documental en blanco y negro, ‘Todos vós sodes capitáns’ (2010), y ‘Mimosas’ (2016). Ambos fueron premiados en el Festival de Cannes.

De decorado, un conflicto

En ‘Sirat’ hay varias escenas que muestran que algo está pasando en el país. Maniobras militares, penuria de gasolina o campos de minas con trágicas consecuencias. No hay referencias directas a lo que sucede, la película no nos da más detalles. Para los que conocen Marruecos y su historia reciente, es difícil no pensar a la Guerra del Sáhara (1975-1991), entre Marruecos y el Frente Polisario para el control del Sáhara Occidental tras la retirada española. Precisamente, es en esta zona la que se ambienta una parte de la película, en la que se menciona una fiesta “en el sur, cerca de Mauritania”.

Aunque hoy no hay ninguna guerra en curso, sigue siendo una zona tensa. Se trata de un punto del desierto con mucha presencia militar en la que Marruecos construyó, a partir de los años 80, un gran muro de arena de 2.700 kilómetros. La zona al este del muro está bajo control del Polisario.

Actualmente quedan en la zona millones de minas, es imposible saber la cifra exacta. Desde su instalación han producido miles de muertes y mutilaciones, en muchos casos, de civiles. Precisamente, los independentistas saharauis han criticado la película al considerar que hay un “blanqueamiento del colonialismo marroquí” y reprochan que se “omite la existencia del pueblo saharaui”. Actualmente, Marruecos controla, administra y explota económicamente cerca del 80% del Sáhara, la parte restante está bajo el control del Polisario.

El trance, las ‘raves’ y las ‘lilas’

Laxe ha logrado cohesionar dos mundos que no son tan lejanos para él, la música electrónica y el Islam. “Ambos están conectados y pueden proporcionar un estado de trance. Y Rumi, uno de los grandes poetas místicos persas, nos exhorta a que bailemos como si nadie nos mirara, que es justo lo que hacen los ‘raveros’”, explicaba el gallego en una reciente entrevista a El Periódico de Catalunya. 

Varias de las definiciones de trance discurren durante ‘Sirat’. Y no solo en los momentos en los que encienden los altavoces. A lo largo de la historia, el trance ha formado parte de Marruecos a través de las conocidas como ‘lilas’, que en árabe significa noche. Son momentos en los que varias personas se juntan para dejarse ir al ritmo de la música en directo, pero sobre todo la percusión. Esta ceremonia pude durar toda la noche y las notas se mezclan con los colores, los olores y el baile de los que se sumergen en ella.

Una liberación

El estilo musical más conocido que suena en estas ceremonias es la Gnawa. Son momentos que, según la creencia popular, sirven para curar enfermedades mentales o liberar sentimientos reprimidos o tensión. “A mí me gusta la música tecno, y necesito bailar; me gusta invocar a través del baile, rezar a través del baile; cuando era un adolescente inadaptado y lleno de rabia, usaba el baile a modo de exorcismo”, relata el director. 

La escritora marroquí Fatima Mernissi repasa en su libro ‘Sueños en el umbral’ su infancia en la ciudad de Fez y la celebración de las lilas de mujeres, casi siempre en la intimidad. “Era como si por una vez se liberaran de todas las presiones externas. Muchas esbozaban leves sonrisas, entrecerraban los ojos y, a veces, parecía que estuvieran despertando de un sueño maravilloso. Al terminar la ceremonia, las mujeres caían al suelo completamente agotadas y semiinconscientes”, relató.

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