Si caminas por el centro de Córdoba, entre Capuchinos y Colón, probablemente pases por alto un pequeño oasis cargado de historia. A simple vista, parece un rincón cualquiera, con su jardín cuidado y una fuente, pero esconde un secreto que no todos conocen: dos columnas originales del Templo Romano de Córdoba, que datan del siglo I d.C.
Un pedazo de Roma en pleno centro
El Templo Romano, descubierto por casualidad en 1950 durante las obras de ampliación del Ayuntamiento de Córdoba, fue un centro de culto imperial de la época romana. Sus once columnas originales y su imponente estructura rectangular hablan de la grandeza de la Córdoba imperial. Para sostener su construcción en una zona con pendiente, los arquitectos romanos implementaron ingeniosas terrazas artificiales llamadas antérides, un adelanto arquitectónico notable que permitió que el templo resistiera el paso del tiempo.
Aunque hoy podemos ver gran parte de sus restos en el Museo Arqueológico de Córdoba, algunos elementos se conservan en rincones inesperados de la ciudad. La plaza de las Doblas es uno de ellos: allí, dos columnas estriadas custodian la fuente, ofreciendo a los visitantes un vistazo íntimo y casi poético de la Córdoba romana.
Plaza de las Doblas. / Córdoba
Un destino para los curiosos
Caminar por la plaza de las Doblas es como recorrer un pequeño museo al aire libre. Ese recorrido se completa indudablemente con una visita al Templo Romano, que se integra con la vida cotidiana de la ciudad. Este lugar nos recuerda que el patrimonio histórico no siempre se encuentra en grandes monumentos o museos, sino también en esos rincones escondidos. Córdoba cuenta con varios ejemplos.
Entre sus bancos, su fuente y su vegetación, puedes detenerte a imaginar cómo los antiguos romanos realizaban rituales frente al altar del templo y cómo estas columnas han resistido casi dos milenios de historia.
