Irán, sin aliados exteriores

Compartir

Un mensaje de carácter disuasorio que, a la luz de los acontecimientos de este sábado, no ha tenido el efecto deseado. Hace semana y media, Hasan Maqsudlu, portavoz y vicealmirante de la Armada de Irán, anunció la celebración de maniobras navales conjuntas con buques militares de Rusia al este del estratégico estrecho de Ormuz, concretamente en el golfo de Omán y el norte del océano Índico, con el objetivo declarado de «mejorar» la seguridad marítima en la zona y fortalecer la cooperación mutua en la lucha contra lo que calificaron como «terrorismo marítimo«. Aunque en ningún momento los representantes militares de ambos países hicieron referencia al creciente despliegue marítimo estadounidense en la zona, muchos analistas destacaron la coincidencia de dichos ejercicios militares con la escalada de tensión entre Washington, Tel Aviv y Teherán.

Estas maniobras conjuntas, a las que se han incorporado en ocasiones buques de China y otros países en el marco BRICS, no pueden ocultar una inquietante realidad para el régimen de los ayatolás: la escasez de aliados y apoyos externos. Tras la caída de Nicolás Maduro en Venezuela y de Bashar el Asad en Siria, y el debilitamiento del denominado ‘Eje de la Resistencia’ en Oriente Próximo –la constelación de milicias paramilitares que simpatizan con Irán, como Hizbulá en el Líbano, Hamás en Palestina, las Fuerzas de Movilización Popular chiíes en Irak o los hutíes en Yemen– las posibilidades de Teherán de desencadenar un conflicto a gran escala golpeando instalaciones militares e intereses económicos de EEUU e Israel, tanto en Oriente Próximo como en todo el planeta, han quedado severamente limitadas. A ello, hay que añadir la escasa fiabilidad de Rusia como aliado, demostrada en los últimos acontecimientos, y las reticencias de China a involucrarse militarmente en el conflicto, lo que deja a Irán en la práctica sin aliados externos.

El ‘Eje de la Resistencia’ constituía hasta fecha bien reciente un importante dolor de cabeza para EEUU e Israel en la región medioriental. Desde el Líbano hasta Yemen, pasando por Irak y Gaza, el Estado iraní había financiado y armado una pléyade de milicias y combatientes, capaces de organizar atentados o disparar misiles a distancia, no solo «para proyectar poder, sino también como fórmula de disuasión ante sus principales adversarios, EEUU e Israel», escribe el experto Arman Mahmudian, investigador senior en el Global and National Security Institute de la Universidad del Sur de Florida.

Pero la evolución de los acontecimientos tras los ataques de Hamás en el sur de Israel, el 7 de octubre de 2023, ha mermado significativamente su fortaleza. «Hamás ha perdido a decenas de miles de soldados (en la contienda con Israel) y a la plana mayor de su liderazgo» mientras que «Hizbulá ha sufrido golpes similares en el otoño de 2024» a manos de Israel, dañando la popularidad de los primeros entre los habitantes de Gaza y la influencia de los segundos en la vida política diaria libanesa, escribe Noah Rudin, investigador del Middle East Institute en Washington. La caída del régimen proiraní de Bashar el Asad ha hecho el resto, al privar de continuidad territorial a las bases de Hizbulá en el sur del Líbano con el Estado iraní. Esta debilidad quedó descarnadamente al descubierto durante la oleada de ataques contra el programa nuclear iraní del pasado mes de junio, cuando Hizbulá, «otrora la vanguardia de la defensa iraní, tuvo que contemplar los ataques en los márgenes», concluye Rudin.

Cooperación militar con Moscú

La recién estrenada cooperación militar entre Irán y Rusia, materializada en un acuerdo firmado en enero de 2025, apenas difiere a la que estableció en su día con el régimen de Venezuela, circunstancia que no impidió la detención del presidente Nicolás Maduro el pasado enero. Con una duración de 20 años, incluye una cláusula para «contrarrestar la aplicación unilateral de medidas coercitivas», un eufemismo para mencionar ataques e intervenciones armadas como la de este sábado. Pero, tal y como aclaró en su día el viceministro de Exteriores, Andréi Rudenko, en una declaración ante la Duma Estatal, «la firma del tratado no significa el establecimiento de una alianza militar con Irán o asistencia militar mutua». El despliegue de la corveta Stoikiy en el puerto de Bandar Abbas durante los recientes ejercicios navales no constituye ninguna disuasión para Washington, con los portaaviones USS Abraham Lincoln y USS Gerald Ford, y su grupo de buques de apoyo, en la zona.

Eso sí. la cooperación traerá pingües beneficios a las empresas de armamento rusas. En diciembre de 2025, ambos países cerraron un contrato secreto por valor de unos 500 millones de euros para la adquisición por parte de Teherán de 500 lanzaderas portables Verba y 2.500 misiles 9M336, según informó ‘Financial Times’, impulsando su capacidad de defenderse de incursiones aéreas a baja altitud como las que materializaron la detención del expresidente venezolano.

China también ha expresado reticencias a involucrarse militarmente en ayuda de Irán, y es altamente improbable que «despache tropas o entre directamente en conflicto» con los antagonistas de Teherán, escribe en ‘Middle East Eye’ el analista Nelson Wang, vicepresidente del Centro de Shangái para Estudios de RIMPAC y Estratégicos. Pero, al igual que sucede con Rusia, la cooperación militar va en aumento, con la reciente venta de baterías antiaéreas de fabricación china, y la posibilidad de nuevos envíos, en esta ocasión de material más sofisticado, como misiles supersónicos de crucero capaces de hundir buques marinos. Con lo que sí va a poder contar Teherán, sostiene Wang, es con el apoyo diplomático de China en las instituciones internacionales, en particular en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Suscríbete para seguir leyendo

Noticias Relacionadas