En Fuentes de Andalucía (Sevilla) se celebra por Carnaval la fiesta más popular del municipio. Hace ya más de cuatro décadas fue objeto de estudio por el antropólogo estadounidense D. Gilmore, quien constató que, cuando tenía lugar la celebración, los «señoritos» abandonaban el pueblo, quedando la villa a merced de las capas menos favorecidas. Durante unos días trabajadores y jornaleros desfilaban por sus calles mientras entonaban interpretaciones picantes, alusivas casi todas a los acontecimientos más dispares que habían acaecido en ella durante el año. Porque aquí, desde siempre, las máscaras han salido a la calle para acosar a los viandantes con sus desafíos verbales. Antes, cuando la celebración no era organizada por nadie, la espontaneidad otorgaba a la urbe un cierto aire subversivo y disparatado que suponía una ruptura con el viejo orden social.
En efecto, el tiempo de las Carnestolendas representaba para el pueblo un paréntesis en su vida cotidiana, plagado de actos que implicaban el disloque del orden establecido. De ahí que la celebración fuera esperada con ilusión, al ver sus habitantes cómo se invertía por unos días la propia estructura social. Era un periodo de alegría y de confusión, con rituales que provocaban en el pueblo una cura psíquica y social, más efectiva incluso que la pretendida por la Cuaresma, al tiempo que contribuía a dar una mayor cohesión al grupo, en cuanto que descargaban las tensiones acumuladas en los meses previos. Con el tiempo estas fiestas fueron cambiando, sobre todo tras la dictadura de Franco. Hoy los comportamientos de las murgas muestran en sus manifestaciones menor picardía que antaño, aunque esta perdura aún en algunos de los temas tratados por los poetas locales.
Estas fiestas comienzan una semana antes del Carnaval, cuando sus habitantes se trasladan al parque del Molino de Viento, donde almuerzan y pasan el Jueves Lardero, celebración pre y anticuaresmal por lo que simboliza frente al periodo de ayuno y abstinencia. Es tradición tomar entonces el hornazo y «entomao» dulce, al que se le añade, junto a la harina: sal, pimentón, aceite, azúcar, matalauva, ajonjolí y canela. Tras este pórtico llegan los días de las Carnestolendas, siendo lo característico en este pueblo el uso que se hace en ellas de la máscara (o disfraz con la cara) tapada y la salida a la calle de las murgas. Durante el domingo, lunes y martes de Carnaval se celebra un festival de agrupaciones, concursos de máscaras y un baile de disfraces para los adultos, siendo premiado en este el mejor grupo de máscaras, valorándose la voz y la gracia de las personas disfrazadas. Hay merienda para los más pequeños, acompañada también con bailes, concursos, piñatas y regalos para los disfrazados. El sábado siguiente se organiza un segundo baile, tanto para adultos como para niños, en el que se repiten los mismos actos de la semana anterior. El domingo de Piñata las diferentes agrupaciones actúan en el Paseo de San Fernando. Al final hay una entrega de premios, celebrándose a continuación una Charanga por las calles del pueblo.
Durante unos días acuden hasta la población numerosos forasteros con el propósito de participar en las fiestas en honor de Momo, o al menos de presenciarlas. En ellas colabora el Ayuntamiento, institución que potencia una tradición que singulariza a esta localidad dentro en la comarca y contribuye sin duda a realzar su patrimonio cultural.
