Un total de 45 nuevos letrados juraron o prometieron su entrada en el Colegio de Abogados de Oviedo, un acto solemne que tuvo lugar a la una de la tarde de este viernes en el Auditorio de Oviedo. Uno a uno, secundados por sus respectivos padrinos, los 45 nuevos letrados se comprometieron a guardar y hacer guardar la Constitución y salvaguardar el Estado de Derecho, así como cumplir las normas deontológicas de su profesión, «que es más necesaria que nunca», como aseguró uno de los padrinos, el veterano abogado Luis Tuero.
Como padrino de honor ofició el magistrado del Tribunal Constitucional Enrique Arnaldo, quien indicó que los abogados deben ser los «más ardorosos defensores de la Constitución«. Arnaldo remarcó que los nuevos letrados han jurado o prometido guardar la carta magna: «Sin la Constitución no hay nada, el vacío, la anarquía, si se derrumba la Constitución, se derrumba todo el Estado de Derecho».
Arnaldo opinó que «los jueces están demasiado en la boca de personas públicas con expresiones incorrectas«. E indicó que el llamado «lawfare» viene a acusar a los jueces de cometer una estafa al Derecho. «Esa palabra es tan nefasta, tan degradante e insultante que no puede ser tomada en serio por nadie». Y lanzó una advertencia: «Si perdemos la confianza en los jueces, sería tanto como perder la confianza enm el valor del dinero». Y repitió una frase contenida en una entrevista publicada recientemente en LA NUEVA ESPAÑA: «Deben quitar sus manos de la Justicia».
Y lanzó algunos consejos para los profesionales de la abogacía, como no contentarse con lo que saben, sino continuar estudiando, y abundar en el diálogo, pese a que el judicial es un proceso de confrontación: «Dialoguen ustedes antes de confrontar«.
Los nuevos letrados y sus padrinos, tras la jura. / Irma Collín
El Decano del Colegio de Abogados, Antonio González-Busto, también dedicó palabras sabias a los nuevos letrados. Les recordó que la profesión se sustenta sobre cuatro pilares, uno de ellos, «la conciencia de la relevancia de nuestra profesión». Por otro lado, «el constante estudio del Derecho positivo». Además, «un compromiso inquebrantable con la libertad y la independencia de los tribunales«. En ambos sentidos, por otro lado. «No es un abogado, por humilde que sea, menor que un juez», afirmó, y llamó a los letrados a ser tan independientes como los jueces, trayendo a colación al clásico Piero Calamandrei y su «Elogio de los jueces, escrito por un abogado».
Finalmente, reclamó de los letrados «lealtad en su acepción más pura, ser fieles a la profesión, a los jueces y a los tribunales, a sus compañeros y a los clientes, y al colegio que les acoge, y también a nuestra palabra».
El magistrado Enrique Arnaldo, durante su intervención, junto al secretario del Colegio, Pedro Paulino Sánchez, el presidente del TSJA, Jesús María Chamorro y el Decano del Colegio, Antonio González-Busto. / Irma Collín
El acto, sencillo y emotivo, consistió en la jura o promesa, el acto de revestir con la toga al apadrinado por parte del padrino y finalmente su admisión como letrado de la corporación que es el Ilustre Colegio de Abogados. Acudieron entre otros el presidente del TSJA, Jesús María Chamorro, el Fiscal Superior de Asturias, Gabriel Bernal, el presidente de la Audiencia Provincial, Antonio Lorenzo, el Decano de la Facultad de Derecho, Javier Fernández Teruelo, la Decana del Colegio de Procuradores de Oviedo, Encarnación Losa, o los Decanos Honoríficos Pedro Hontañón, Luis Carlos Albo e Ignacio Cuesta, Primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Oviedo.
«Es como un broche a todos los estudios, como cerrar una etapa y abrir otra», explicó Laura Pérez-Platas, apadrinada por su padre, Francisco Pérez-Platas. Laura Pérez-Platas indicó que quiere dirigirse al derecho laboral, en el que lleva trabajando unos meses. Francisco Pérez-Platas mostró su «orgullo» porque su hija siga la saga familiar, aunque a una rama distinta.
Laura Pérez-Platas junto a su padre, Francisco Pérez-Platas. / Luis Vega
Otro nuevo letrado, Adrián García Méndez, indicó que el acto suponía «poner fin a la etapa de estudios e incoporarse efectivamente a esta bonita profesión». Y añadió que en su caso «es bastante vocacional y he tenido la suerte de tener un gran mentor que me ha enseñado parte del Derecho». El citado mentor es el abogao penalista Luis Tuero, quien indicó que «es siempre ilusionante ver a gente conocida y chicos muy preparados, quizá más de lo que estábamos nosotros, que van tomando el relevo de los mayores».
El abogado Luis Tuero y su apadrinado, Adrián García Méndez. / Luis Vega
Para Tuero, la abogacía y el Colegio de Abogados «es algo muy dinámico, cambiante y la profesión sigue siendo muy necesaria en esta sociedad cada vez más conflictiva y con mayores problemas, una profesión además no siempre muy valorada».
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