La risa de este payaso

Compartir

Yo, la verdad, con todo mi respeto y admiración a los payasos, pero a los payasos auténticos, me pregunto, cuando tengo que aguantar las risas de este payaso tan gracioso que nos ha caído en gracia, gracias a la gracia de su graciosa no sé quién, me pregunto una y mil veces, a cada risita que suelta, de qué se reirá este payaso. ¡Qué lástima que no tengamos en nuestro maravilloso idioma español una palabra para definirlo! Quiero decir, para definir a este payaso trilero, que ejerce de payaso, vive de payaso, pero sin ser payaso, practicando el intrusismo profesional, sin estudios, adjudicándose títulos y currículo sin obstáculo ni artículo ni adminículo ni cálculo, sino con binóculo y cubículo. Y sigo aguantándole la risita, hasta que de pronto advierto que de quien se ríe es de mí y de tantos muchos como mí que en ese momento nos hemos levantado de madrugada a trabajar, hemos puesto la radio y, mientras tiritamos, oímos al payaso, que, dormido en su buen mullido colchón, se ríe de nosotros, no el colchón, sino el payaso, tras su máscara de pintura blanca, tras su lágrima negra, tras su mueca roja. Y que luego, cuando termine de reírse, se volverá al camerino para quitarse esos potingues con los que compone su risa, mientras sigue riéndose y riéndose ante el espejo resplandeciente de su inmensa egolatría. Y a la tarde, después de haber dormido bien, comido bien y maquillado bien, más espectáculo, más risa, que, por supuesto, los tontos que aguantamos su circo tenemos que pagar, y vuelta a reír, a carcajearse, pitorrearse, hasta orinarse, hasta partirse, hasta destesticularse, y desovarse, y frezarse, y desaguacatarse, y deskiwitarse, y la eme que lo pa…, de tanta risa.

*Escritor

Noticias Relacionadas