El asesinato de Czarina C., este martes, en Las Palmas de Gran Canaria y el suicidio de su marido, Ricardo T., se investiga como un nuevo caso de violencia machista. Él terminó con la vida de ella y puso fin a la suya después de que la víctima, de 43 años, intentase zanjar la relación y abandonase la vivienda que compartían, en la calle Bernardo de la Torre, hace unas semanas.
Pero este no habría sido el único episodio de violencia en la pareja. El 10 de junio, la Policía Nacional lo detuvo a él, de 35 años y origen filipino, después de que testigos alertasen de gritos y una pelea en la vivienda. Dos días más tarde, ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC), la víctima compareció ante el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1, donde manifestó que no deseaba presentar denuncia contra su marido, que no tenía miedo de él y que no quería ni orden de alejamiento ni reconocimiento forense. Dijo entonces que no había sido agredida. El hombre se acogió entonces a su derecho a no declarar y el caso quedó archivado.
Ahora, siete meses más tarde, Ricardo, según la investigación, mató a Czarina y se suicidó, como avanzó LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas. El juzgado de guardia de Las Palmas de Gran Canaria tiene previsto inhibirse en las próximas horas a favor del juzgado especializado en Violencia sobre la Mujer, que asumirá la causa. El procedimiento se encuentra bajo secreto de sumario.
Hallazgo de los cuerpos y antecedentes
Los hechos salieron a la luz después de que el hijo mayor de la víctima denunciara su desaparición tras no acudir a su puesto de trabajo ni responder a las llamadas. Junto con su abuela, acudió al domicilio a buscarla la madrugada de Reyes, pero no obtuvo respuesta, por eso se personó de inmediato en comisaría. Al comprobar que figuraba en el sistema Viogén por esa primera intervención, la Policía Nacional se trasladó a primera hora al domicilio, donde localizó los cuerpos sin vida de la mujer y de su marido, ambos de nacionalidad filipina, en el salón.
Según información a la que ha accedido este diario, la víctima llevaba dos años residiendo en el inmueble del número 51 de Bernardo de la Torre, en la zona Puerto-Canteras. Había llegado a Canarias desde Filipinas hace casi una década y, con el tiempo, logró reagrupar a parte de su familia: su madre y sus dos hijos mayores, fruto de una relación anterior. También vino Ricardo.
Semanas antes de los hechos, Czarina se había refugiado en casa de su madre junto a su hijo menor, el único en común del matrimonio, debido a los problemas en la pareja, pero regresó al domicilio en la víspera de Reyes por motivos que aún se investigan.
Las supuestas adicciones al juego de Ricardo habían supuesto también un problema en la relación, como informó este diario. Él, cocinero de profesión, le pedía insistentemente dinero a su pareja. Tanto, que no pagaban desde hace meses el alquiler. La víspera de Reyes, Ricardo, reclamó a su casero que les cambiase un bombillo. Ese día, el último que fue visto con vida, el propietario de la vivienda le dijo que él debía hacerse cargo del arrendamiento, sabedor de que Czarina había abandonado la casa.
«Entré y lo vi, a él solo, le dije que ahora tenía que hacerse él cargo de la casa y me hizo una seña como que no hiciera ruido porque ella estaba dentro, pero yo no la vi ni la oí», relata Paco G., el dueño del piso. La investigación sigue abierta bajo secreto de sumario.
El día después del trágico suceso, la calle Bernardo de la Torre amanecía entre la sorpresa y la conmoción. La mayoría de los comerciantes se enteraban de la noticia al llegar a sus trabajos. «Me he enterado hoy, algunos vecinos lo comentaron», decía el trabajador de una de las cafeterías de la zona, cuyos propietarios anteriores, añade, eran casualmente también filipinos.
De los negocios alrededor del domicilio del matrimonio fallecido, solo una de las dos peluquerías estuvo abierta el día del hallazgo, a pesar de ser festivo. «Vi llegar ambulancias y coches de la Policía y lo primero que pensé es que, como en el barrio hay mucha gente mayor que vive sola, alguno de ellos se habría puesto malo, incluso que habría fallecido porque al estar la policía tenía que ser algo raro», comenta una de las empleadas que no dio su nombre. «Me asomé a la esquina y vi después a unos niños llorando. Me imaginaba algo así porque siendo dos las personas que encontraron muertas en la misma casa… sonaba a algo raro. Al ver a los niños así, cerramos y nos fuimos. Nos quedamos con muy mal cuerpo».
«No sabía que había pasado algo así, tremendo», decía un responsable de una agencia de viajes cuyo negocio está justo enfrente del edificio donde se encontró sin vida al matrimonio. «Era festivo y estábamos cerrado, yo de hecho, estoy volviendo de vacaciones», comentaba con sorpresa.
El hermetismo y la prudencia formaron parte también de las reacciones, entre ellas, de la propia comunidad filipina que trabaja en la zona. «Yo acabo de llegar a Canarias y mi compañera está ocupada», respondían en una de ellas.
Los agentes del Grupo de Homicidios y de la Policía Científica continúan recabando pruebas para esclarecer las circunstancias exactas del suceso. Las autopsias, realizadas en el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, serán determinantes para fijar el momento y las causas de las muertes.
De confirmarse la hipótesis principal, este sería el primer asesinato machista de 2026 en Canarias.
