La bioética es una de esas disciplinas que de manera velada está presente en el día a día de muchos profesionales y, especialmente, aunque no de forma exclusiva, en los sanitarios. Su aplicación es crucial en la toma de decisiones, tanto en la práctica clínica como en la investigación, por ejemplo. Sin embargo, continúa siendo un concepto bastante abstracto para la mayoría que desconoce no solo qué es exactamente, sino cómo puede ayudarles. Fruto de esa necesidad y de una inquietud compartida, la Fundación Hospitalarias y San Juan de Dios España han sumado fuerzas y firmado un convenio de colaboración que permite seguir impulsando la bioética en ambas instituciones.
“Lo importante, las personas”
Una de las primeras acciones en las que esto se materializa es la celebración conjunta del Congreso de Bioética Ethicare’25, que tuvo lugar del 13 al 14 de noviembre en Barcelona. El lema es toda una declaración de intenciones: Lo importante, las personas. Un enunciado que resume de forma clara, sencilla y muy coherente los valores y la razón de ser de ambas instituciones. Así lo explica
José María Galán González-Serna, director del Departamento de Ética de San Juan de Dios España: “Se trata de acoger incondicionalmente a todas las personas, sobre todo a aquellas que son vulnerables, que atraviesan una situación difícil”. Y añade que la persona “está por encima de todo y la anteponemos a nuestros propios intereses”. Una premisa que aplica no solo hacia los usuarios sino también hacia todos los colaboradores, profesionales, Hermanos de San Juan de Dios, voluntarios y benefactores.
Para Alejandro Florit Robles, director de Identidad Hospitalaria de la Fundación Hospitalarias, se trata de llevar a la práctica lo que en muchas empresas es un mero artificio “estético” porque “está de moda lo de poner a la persona en el centro. Todos coincidimos en que se trata de un valor extraordinario, pero en la práctica no siempre va más allá del papel. Nosotros, sin embargo, lo llevamos en el ADN y es el eje de nuestra actuación”.
Autonomía y vulnerabilidad
La bioética, por abstracta que parezca, interviene en situaciones muy concretas que todos, de una u otra forma, tendremos que afrontar en algún momento. Como ejemplos, estos expertos señalan la toma de decisiones al final de la vida, la autonomía que se nos presupone como pacientes para optar por uno u otro tratamiento o el hasta dónde un profesional puede orientar y decidir, con la mejor de sus intenciones y todo el conocimiento, lo que el que tiene en frente debe hacer. Y todo ello, apuntan, desde el respeto a la dignidad de la persona, que en el caso de colectivos vulnerables es una cuestión todavía más delicada.
Las leyes, coinciden ambos, tratan de proteger al paciente en general y a estos colectivos en particular, aunque en la práctica no siempre se consigue. “Creo que la alianza entre las dos instituciones puede ayudarnos mucho, especialmente cuando se trata de la defensa de los derechos humanos de estos colectivos más vulnerables en entornos sociales y sanitarios”, explica José María.
Alejandro va más allá e ironiza sobre el gran conflicto social que existe en la actualidad cuando “nos movilizamos por los derechos de determinadas personas, pero, si de repente se abre un centro para acogerlas al lado de nuestra casa, no nos gusta tanto. Entonces esos derechos, a lo mejor, ya dejan de ser tan importantes”.
José María Galán y Alejandro Florit. / VICTORIA IGLESIAS
Y llegó la IA…
No menos trascendental es el papel de la bioética cuando se habla de investigación, por ejemplo, en el campo de la genética, o de avances tecnológicos que, entre otras cuestiones, apunta José María, “están modificando la relación médico paciente y afectan a menudo al no poco complejo mundo de la protección de datos”. Y, por supuesto, la inteligencia artificial (IA).
En esto, afirma Alejandro, “hay dos bandos: el de los que dicen que el avance científico no puede detenerse y el de los que quieren frenarlo mediante límites y prohibiciones”. A esta reflexión también tiene mucho que aportar la bioética: “Es necesario buscar cauces intermedios. La inteligencia artificial puede ser buena si sabemos cómo usarla. Personalmente, no es que me asuste o me dé miedo. Al contrario, creo que puede ser muy útil siempre y cuando sepamos para qué la vamos a utilizar y cómo, y por supuesto no caigamos en la deshumanización”.
La bioética, afirma José María, “tendrá mucho que decir sobre el uso de la inteligencia artificial, por ejemplo, en el hasta qué punto puede recaer en ella la toma de decisiones. Podrá ayudarnos a tener diagnósticos más certeros, pero en un campo como este no podemos dejar la responsabilidad en manos de la IA ni tampoco que esta sustituya la relación humana. Si estoy frágil, lo que busco es un profesional que sea también una persona, que me diga qué es lo que hay y qué es lo que se puede hacer”.
En esta misma línea, Alejandro insiste: “Durante el proceso de enfermedad, lo que buscamos es que nos acompañen, que empaticen con nosotros y que, más allá de una máquina, haya alguien en quién confiar. Dudo que la IA pueda llegar algún día a este grado de humanización”.
O quizás sí, convienen los dos. ¿Llegará un momento en el que las personas seamos capaces de depositar esa confianza en una máquina, en un robot? ¿Podremos mirarlos a los ojos y ser capaces de sentir lo que sentimos cuando miramos a una persona? “Diría que no…, pero al ritmo que va todo, quizás sí”, reconoce José María. “Estoy de acuerdo contigo”, responde Alejandro. ¿Llegaremos a
hacernos amigos de las máquinas? La pregunta queda en el aire…
Y se abre otro debate. Este no es futuro. Es presente. ¿Cómo ha cambiado el modo en que los jóvenes se relacionan desde que media la tecnología? ¿Cómo es posible que cada vez más adolescentes se sientan solos a pesar de todas esas redes repletas de miles, millones de personas? Y ahí están los datos, por ejemplo, del número de suicidios. “Es la realidad que tenemos: personas hiperconectadas que se sienten solas”, lamenta Alejandro.
Y surge un nuevo tema. ¿Y si esta conversación entre los dos fuera introducida en ChatGPT para que elaborara el resultado? “Quizás esta entrevista sería más perfecta”, responde José María. “Seguro –apunta Alejandro–, pero nos deshumanizaría, no sería auténtica”. ¡Qué juzgue el lector!.
