España cumple 40 años en la UE manteniendo fuerte su europeísmo pero con discrepancias sobre Defensa, Gaza y China

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En 1962, el ministro de Exteriores de Franco, Fernando María Castiella, solicitó por carta abrir negociaciones para una posible asociación con la Comunidad Económica Europea. La respuesta de ese embrión de la Unión Europea fue un mero acuse de recibo. Ocho años después, el 29 de junio de 1970, el régimen lograría firmar un Acuerdo Preferencial CEE-España, que la dictadura interpretó como una gran «puerta económica» del franquismo hacia Europa. La solicitud de adhesión como socio de pleno derecho se hizo bajo la presidencia de Adolfo Suárez en 1977, en plena transición. Pero no fue hasta el 12 de junio de 1985, bajo el Gobierno ya democrático del socialista Felipe González, cuando se firmó el Tratado de Adhesión, tras un largo período de reformas. España entró a formar parte de la UE oficialmente el 1 de enero de 1986, hace 40 años. 

España no muestra signos apreciables de crisis de los 40. Tres de cada cuatro españoles creen que el país afrontará el futuro de mejor manera dentro que fuera de la UE, y el 77% opina que deberían tomarse más decisiones a nivel europeo, según los datos del último Eurobarómetro presentado en Madrid este miércoles. 

El dato tiene claroscuros. Solo la mitad de los españoles dice confiar en la UE. El dato está en la media de los 27, aunque muy lejos de países como Portugal (71%), Lituania (66%) o Dinamarca (64%). 

Para ocho de cada diez ciudadanos, la imagen de la UE es positiva o neutral, frente a dos de cada diez que la ven de forma negativa. Las medidas más positivas que se esperan desde Bruselas son la creación de oportunidades laborales (destacada por el 36% de los encuestados), garantizar la paz y la estabilidad (35%) y la mejora en el acceso a la vivienda (34%).

«La doctrina española hacia la Unión Europea se basa en dos pilares: el primero es el europeísmo (es un socio fiable de la construcción europea) y eso le da credibilidad cuando se discuten reformas e integración», dice a EL PERIÓDICO Pol Morillas, director del centro de análisis CIDOB. «El segundo pilar es que España entiende el contexto de multipolaridad en el que se mueve la Unión. Eso explica que busque reforzar canales con actores como China, con la idea de ganar margen y capacidad de influencia dentro del debate europeo sobre Pekín. Esto puede salir bien si España consigue convertir esa relación en una ventaja de negociación para la UE; pero también puede generar críticas, porque hay países que lo ven como un riesgo estratégico y lo vinculan a la relación China-Rusia en la guerra de Ucrania».

El tercer elemento, apunta Morillas, hay que leerlo en clave de política interna europea y de juego de mayorías. España capitaliza la idea de que la coalición que permitió reelegir a Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea (socialistas y populares) puede funcionar para hacer avanzar parte de la agenda de integración en el Parlamento Europeo. «Ahí España es relevante porque el grupo socialdemócrata es imprescindible para articular mayorías con el Partido Popular Europeo y el centro liberal, y en ocasiones con los verdes», añade Morillas, también autor de ‘En el patio de los mayores: Europa ante un mundo hostil’. «Pero esa centralidad de España depende de algo incierto: que esa mayoría prointegración siga siendo la mayoría operativa. Si se consolida una mayoría alternativa del centro-derecha apoyada de forma estable por los ‘patriotas’ [la ultraderecha] y otras fuerzas a su derecha, el papel de España se reduce, porque deja de ser una pieza imprescindible en la aritmética parlamentaria».

CRONOLOGÍA DEl CAMINO DE ESPAÑA HACIA LA UE

1962 La dictadura franquista solicita por carta la apertura de negociaciones para una posible asociación con la Comunidad Económica Europea (CEE), que se firma ocho años después

1977 España solicita, ya como democracia, el ingreso formal en la CEE

1985 (12 de junio) Firma del Tratado de Adhesión

1986 (1 de enero) Entrada en vigor de la adhesión de España a las Comunidades Europeas

1987 Primeras elecciones al Parlamento Europeo

1991-1995 España se incorpora al tratado de libre movimiento Schengen

1992 Firma del Tratado de Maastricht que crea la Unión Europea 

1999-2002 España entra en el euro

1989, 1995, 2002, 2010 y 2023 España ocupa la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea

Ese es, probablemente, uno de los grandes cambios que se acercan: que el futuro de la integración europea ya no se dirime solo por la ecuación más o menos Europa, como hasta ahora, sino por qué mayorías son capaces de imponer su visión. Si se avanza en las políticas comunes o se devuelven competencias a los Estados, como piden los partidos de ultraderecha. Y eso dependerá mucho de los resultados electorales de 2026 en Francia o, más adelante, del resto de ciclos electorales nacionales, incluido el español.

España, bisagra en los grandes debates

En Europa hay grandes contestatarios que van casi siempre a la contra, como el presidente húngaro Viktor Orbán. Tiende a bloquear o pedir algo a cambio de no hacerlo en buena parte de las resoluciones comunitarias: con la guerra de Ucrania o con los derechos humanos, por ejemplo. España nunca ha sido así. Ha jugado casi siempre a favor; «en equipo», como gusta de decir el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.

Pero Pedro Sánchez se ha enfrentado en varios dosieres con las fuerzas dominantes en la UE. El más destacable ha sido el del gasto en defensa. Los países de la OTAN, en su mayoría europeos, se comprometieron en la cumbre de Países Bajos de junio a gastar el 5% de su PIB en defensa y seguridad antes de 2035, tal y como pedía el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sánchez, sin embargo, se negó de forma explícita a comprometer esa cifra, que considera desorbitada, y se limitó al 2,1%. En privado, diplomáticos de los principales países europeos consideran que esa opción, escapista, va a durar poco. Pronto la OTAN evaluará las capacidades que aporta España y, creen, se quedará corta con ese gasto. 

En lo político, el principal punto de choque está siendo la guerra de Gaza. Sánchez ha liderado las voces críticas con Israel casi desde el principio de la guerra contra Hamás en la Franja. Ha chocado con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con quien hasta entonces mostraba la mayor de las sintonías; y con los cancilleres sucesivos de Alemania, Olaf Scholz y Friedrich Merz. Ha ido, por otro lado, ganando adhesiones, la más destacable la de Francia.

El espíritu político del momento actual es el auge de los partidos de la ultraderecha nacionalista y populista. Trump ha decidido explícitamente apoyar a esos partidos en detrimento de los más centrados. De esta batalla internacional dependerá el futuro de la Unión Europea y, por tanto, los próximos 40 años de España dentro del proyecto.

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